«No van a poder llegar y empezar a multar, porque se armaría gorda»

Alberto Mahía A CORUÑA |

GALICIA

«Es como si quisieran prohibirnos que nos guste el fútbol», dicen los que ven esta práctica como algo propio de su generación

31 oct 2010 . Actualizado a las 02:18 h.

El jueves es el día de los universitarios en los jardines de Méndez Núñez, en A Coruña. Cuando se les pregunta por qué les gusta tanto beber al aire libre, con lo que eso incordia a mucha gente, siempre dicen los mismo, que con la que está cayendo no andan bien de dinero, las copas en los pubs son caras y «vete a saber lo que te ponen». Pero no solo es bueno por el ahorro. También lo es por «la cantidad de amigos que haces», porque dicen que en los bares les dan gato por liebre «con tanto garrafón que hay por ahí» o, sin más, «porque mola estar en la calle». No se les escucha una sola palabra que desprecie el botellón. Para ellos, «no hay nada malo» en comprar alcohol en el súper e ir a beberlo a un jardín o a una plaza. Del botellón solo les preocupa el tiempo que haga. Pero muy pronto se van a tener que preocupar de otra cosa. De las multas que les pueden caer a los menores de edad si lo siguen haciendo, que se anuncian tan gravosas que los 6 euros que cuestan las copas en los pubs se quedarán en calderilla.

Al preguntarles sobre qué les parece la nueva ley que impulsa la Consellería de Sanidade, Miguel lanza un órdago: «No lo van a poder hacer. No van a poder llegar a los jardines y comenzar a multar porque se armaría una muy gorda». Son muchos los que asienten. Defienden el botellón como algo intrínseco a su edad, como algo que marca a toda una generación y «no van a poder». «Es como si quisieran prohibirnos que nos guste el fútbol o las chicas», apuntaba un joven con una copa en la mano y apoyado en un árbol, que es la postura que más gusta entre los jóvenes que de jueves a domingo ocupan los jardines de Méndez Núñez. Algunos de los que este jueves estaban allí fueron desterrados de otras calles de la ciudad. Los echaron de la plaza del Humor hace dos años después de que los vecinos se pusieran bravos y el Ayuntamiento desplegase agentes de policía. También de la plaza de Azcárraga o de la de Santa Catalina. Pero en Méndez Núñez los dejan tranquilos. Al menos, por el momento. Esos jardines están apartados de las viviendas y no se han encontrado de frente con vecinos, quienes a la larga son los que terminan ganando el pulso a los jóvenes, aunque a veces la lucha se prolonga años en el tiempo.

Hacer botellón no les ciega y reconocen que es una práctica que resulta molesta para quienes no participan en ella. «Es normal que los vecinos no puedan dormir. A mi me pasaría. Por eso, en lugar de multas lo que deben hacer es buscar lugares que no molesten a nadie», destaca Sonia. Su amiga habla de la suciedad, la de los kilos y kilos de basura que deja la resaca del botellón. «Deberíamos ser más cuidadosos», reconoce.

Sobre las sanciones que se les vienen encima, con condenas de trabajos para la comunidad, no se les ve nada preocupados. Lo que les preocupa a los universitarios es «la manía que les ha entrado a todos con prohibirlo todo». Unos hablan de «una fractura» entre la clase política y los jóvenes. «Se ve con el botellón, con las políticas sociales, laborales o económicas. Con todo. Cómo va a decidir sobre el botellón una mujer de cincuenta años», se pregunta David.