El PPdeG fía sus opciones de éxito en las ciudades a que su líder pueda ganarles la calle a los regidores del PSdeG y del BNG
12 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Si hay un político populista en Galicia, capaz de besar a dos señoras a un tiempo sin perder de vista la mano que debe estrechar después, ese es López Orozco, el alcalde de Lugo, socialista y solícito, aparte de confesor de cada viandante que se le pone a tiro. En el último San Froilán, llegó a convocar un campeonato oficioso de popularidad al que citó al ministro José Blanco, al presidente de la Xunta o al televisivo mandatario de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. Y quizás la sorpresa fue que Feijoo, por entonces recién investido presidente, se pasó varias horas recibiendo achuchones por la calle, moviéndole los marcos de la finca al propio regidor.
En la cúpula del PP gallego está muy asentada la idea de que Feijoo tiene tirón y de que, en el plano corto, reúne ciertas ventajas frente a sus potenciales adversarios. Por esta razón, los miembros de la dirección del partido, aparte de cantarle al jefe el cumpleaños a coro, como hicieron en la reunión de este viernes en la que Feijoo cumplió 49 años, le tienen reservado un papel central en la precampaña de las municipales del 2011.
Con el PP alejado del poder en todo el mapa urbano gallego, no le va a quedar más remedio que reclamarle al mandatario autonómico que baje a la arena, que pulse el sentir de la calle y que se presente como una especie de alcaldable en cada una de las ciudades gallegas. Será una campaña de Feijoo contra todos, contra Bugallo en Santiago, contra Losada en A Coruña, Orozco, Caballero o Fernández Lores en el resto de las plazas, en las que los candidatos locales del PP se mostrarán como franquicias del albertismo emergente, ese estilo de gobierno instaurado tras el regreso a la Xunta.
La estrategia de los populares colisiona frontalmente con la que preparan los socialistas y nacionalistas. La baza del PSdeG serán sus propios alcaldes, algunos de ellos de larga trayectoria, que intentarán resaltar su gestión municipal, en el caso de Ourense, la confiabilidad, caso de Santiago, o el personalismo, como ocurre en Vigo, para desligar su valoración en los concellos de la que pueda tener el partido en su conjunto por las horas bajas que atraviesa el Gobierno de Rodríguez Zapatero.
En cuanto al BNG, que aspira a revalidar la alcaldía de Pontevedra y de localidades intermedias como Teo, Boiro o Tomiño para no perder comba en el espacio urbano, se reivindicará como una fuerza necesaria para aguantar el empuje de la derecha en Galicia y como el principal adalid de las conquistas sociales frente a los recortes que practican, bien en Madrid bien en Santiago, los dos grandes partidos.
Todavía hay otro aspecto que aflorará en las municipales, como lo hizo en las autonómicas: los Gobiernos bipartitos. El PP intentará sacarle partido a la cantinela de que los bigobiernos locales (con la alcaldía por un lado y la tenencia por el otro) no funcionan y, a la postre, resultan mucho más caros en tiempo de crisis, una concepción que el PSdeG y el BNG tendrán muy difícil rebatir, pues está muy asentada, si bien podría contribuir a que retiraran de la agenda pública sus litigios internos.