Dos gallegos en el Camino más largo

Juan Rivas y Andrés Fraga recorrerán hasta noviembre 6.000 kilómetros entre el cabo Norte, en Noruega, y Santiago; la aventura la van contando en Internet


redacción/la voz.

Juan Rivas, Coru (Santiago, 1982), y Andrés Fraga (Nigrán, 1982) no son de los que toman atajos. Querían hacer el Camino de Santiago y escogieron precisamente el más largo. «Es año jacobeo, hay miles de rutas y miles de personas recorriéndolas, así que decidimos hacer el Camino europeo por excelencia, desde Nordkapp (cabo Norte), en Noruega, a Compostela, desde el punto más boreal al más occidental de Europa», explican.

Son 6.000 kilómetros de distancia y para recorrerla deben dar, más o menos, seis millones de pasos. Así han bautizado su web (www.6mpasos.com), donde cuentan su aventura en tiempo real. «Ahora, con Internet, ya no tienes que esperar a acabar un viaje para contarlo», afirman los dos gallegos, que también reservan material para un documental sobre el viaje «e intentar moverlo luego por televisiones y festivales».

Coru y Andrés comenzaron el Camino el pasado 30 abril. La aventura, no obstante, ya había empezado unos días antes. El volcán islandés Eyjafjalla dejó su avión en tierra, así que no les quedó más remedio que conducir hasta Finlandia y continuar en autoestop hasta Nordkapp. Después echaron a andar, y en esas siguen. Llevan ya 2.200 kilómetros en las piernas, han dejado atrás Noruega, Finlandia, Estonia y Letonia, y aún les queda por pisar Lituania, Polonia, República Checa, Alemania, Suiza, Francia y España. En noviembre, a un ritmo de casi un maratón al día, alcanzarán la meta. «Intentamos hacer un mínimo de 35 kilómetros. Si no, no llegamos», cuentan.

Los primeros días, reconocen, fueron los más duros. Caminaron y caminaron sin ver un alma, las ampollas en los pies les hicieron ver las estrellas y soportaron temperaturas de hasta -10°. Claro que ahora andan envueltos en una pegajosa ola de calor. «Se lleva peor esto que el frío», aseguran. «Con el frío andas bien. Con el calor, haciendo kilómetros por una carretera sin sombra, no hay quien pare», añaden.

Mochilas y equipo

A eso hay que sumar las mochilas que cargan. Llevan lo mínimo, pero no se libran de acarrear tienda, saco de dormir, esterilla, algo de ropa y comida, además de una cámara pequeña, otra grande, el portátil y los micrófonos. Coru, alpinista y profesor de esquí en el Pirineo aragonés, está más acostumbrado a sufrir. Pero Andrés, fotógrafo de profesión, necesitó rodaje: «Ahora lo llevo bien. Y he perdido ya siete kilos».

Los kilómetros que llevan encima, además de obligarles a calzar ya el cuarto par de zapatillas del viaje, les permiten sacar dos conclusiones: «Conocer un país andando es alucinante y la gente, en general, es maja». «Tenemos mucha suerte. Nos han invitado a café, a unas cervezas, a comer, a la sauna, a dormir. Eso sí, todos creen que estamos locos», explican. Y para no perder la cabeza, solo se plantean la etapa del día siguiente. Pocas veces se imaginan entrando en Santiago: «Aunque tenemos que llegar, por lo menos al bar La Cepa».

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