Le gustaría llegar hasta Fisterra, pero el 26 de este mes su hermana se casa
18 jun 2010 . Actualizado a las 13:18 h.Reconoce tener ampollas, «muchas», pero no le importa por dos cosas. La primera, porque mira a su alrededor y ve peregrinos que le sacan décadas en edad y continúan adelante pese a todas las dificultades y, la segunda, porque él está convencido de que no camina con los pies, sino con el espíritu. Por tal razón, admite, tampoco lleva amuleto alguno. Por lo menos, físicamente. De esos que no se ven y que son imposibles de fotografiar sí lleva uno: la fe. Se llama Samuel Vásquez y vive en Francia, aunque su padre es de Valencia. Partió el 21 de mayo de Saint Jean Pied de Port y se dirige a Santiago de Compostela. Le gustaría llegar hasta Fisterra, pero el 26 de este mes su hermana se casa y asegura entre risas: «Tengo que ir a la boda, sino igual me mata».
A O Cebreiro llegó a media mañana, en pantalón corto y soportando un intenso frío. Él se echó al Camino del Apóstol por muchas razones: «Por la religión, por la espiritualidad, por la cuestión física, por la cultura, por el arte, por la arquitectura y por ser capaz de encontrar lo que estoy buscando». Estudiante de Ciencias Políticas, tiene tan solo 20 años y sus dudas no son pocas. «Tengo muchas preguntas y quiero saber hacia dónde ir en todos los sentidos: con mi familia, con la vida en general, con mi fe». Habla con una serenidad pasmosa para su juventud y afirma que, pese a caminar sin compañía, «nunca lo hago solo». Esa es una de las cuestiones que más lo han impresionado a lo largo de este mes que, aproximadamente, lleva caminando. El Camino de Santiago está siendo, por tanto, «muy especial». Se siente muy feliz, aunque al igual que otros caminantes, manifiesta también que, en ocasiones, ha llegado a sentir que alguna gente «no nos ve como peregrinos, sino como turistas».