Feijoo empieza a hostigar a Blanco

Domingos Sampedro
Domingos Sampedro SANTIAGO/LA VOZ.

GALICIA

El PPdeG se lanza a cuestionar el pacto del AVE por el escaso respaldo obtenido del ministro en la fusión de las cajas gallegas

16 may 2010 . Actualizado a las 02:16 h.

La tregua política que se dieron Núñez Feijoo y José Blanco a cuenta del AVE gallego, al firmar en julio pasado el pacto del Obradoiro, difícilmente aguantará un año en pie. Pese a que el presidente de la Xunta solía reconocer en público que el acuerdo funciona, lo cierto es que el PPdeG hizo en los últimos días un viraje radical en su discurso para poner en solfa el cumplimiento de algunos plazos y empezar a hostigar al ministro de Fomento, estrategia en la que tiene mucho que ver la fusión de las cajas.

Algo tuvo que ocurrir para que Feijoo pasara de decir que el pacto del Obradoiro mantenía «las expectativas intactas», como declaró el 1 de febrero tras verse con Blanco en Madrid, a ordenar que su partido registrara en el Parlamento la primera iniciativa crítica contra el protocolo de la alta velocidad ferroviaria. Y ese algo se corresponde con el papel jugado por el vicesecretario general en el PSOE en el asunto de las cajas, pues los populares interpretan que Blanco se dedicó a ponerle la zancadilla a la operación para evitar que Feijoo se anotara un tanto, lectura de la que discrepan los socialistas gallegos, que advirtieron que el ministro se mantuvo al margen de todo el proceso.

No es extraño, por tanto, que cuando José Blanco manifestó a mediados de abril que algunas posiciones que había en Galicia con respecto a las cajas parecían inspiradas en el «patriotismo de hojalata», el diputado Pedro Puy, mano derecha de Feijoo en la Cámara autónoma, saliera de inmediato a señalar al futuro objetivo de los populares para remarcar que esas palabras dejaban clara la postura de Blanco «contraria á fusión».

Por el momento, el PP se ha limitado a promover ataques preventivos contra Blanco, una actitud que, paradójicamente, le recrimina al PSOE y al BNG cuando le hacen lo propio alentando las manifestaciones del gallego contra la política de la Xunta. Esta táctica de guerrillas tuvo esta semana dos operaciones. La primera la ejecutó el diputado Alejandro Gómez, al sembrar dudas sobre lo pactado en el Obradoiro y poner contra las cuerdas a los socialistas para que se sumaran a contrapelo a una iniciativa que se limita a reeditar lo estipulado en dicho protocolo. La otra la llevó a cabo el propio Feijoo, al proclamar con grandes dosis de desconfianza que esperaba que el recorte de 6.000 millones de euros en la obra pública, anunciado por Zapatero para el bienio 2010 y 2011, no afectara al AVE gallego.

Las relaciones entre Feijoo y Blanco, que empezaron hace algo más de 25 años cuando ambos eran estudiantes de Derecho en Santiago, entran de este modo en una nueva fase, en la que van a dedicarse a algo más que a observarse. Blanco ya percibió tras las autonómicas que el líder del PPdeG era una amenaza en potencia para los intereses de su partido en Galicia, y le dio instrucciones al PSdeG para que mantuviera un perfil de oposición incisivo. Ahora, también Feijoo percibe a Blanco como una adversario con el que, tarde o temprano, tendrá que medirse. Ya sea en Madrid, ya sea en Santiago.