«Trabajo por horas y perdí un empleo estable porque no tenía dónde dejar al niño»

Luis Carlos Llera Llorente
Luis Carlos Llera VIGO/LA VOZ.

GALICIA

16 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Un grupo de jóvenes ociosos charla en la Asociación de Vecinos de Coia, en Vigo. Dolores López no puede disfrutar del asueto de los demás y empuja, delante de la sede vecinal, un carrito en el que va sentado un niño cubierto con una capota de plástico para protegerse de la lluvia. Dolores ya es abuela, padece diabetes y tiene que hacerse cargo de su nieto Aarón, de 2 años, que se quedó sin plaza en la guardería de la Xunta situada a cien metros de su casa. «La madre del niño está trabajando por horas en la limpieza de casas y ahora ha tenido que ira a comprar, así que me he hecho cargo yo porque no lo cogieron en la guardería de la Xunta», cuenta la abuela del menor. La mujer añade: «Yo no estoy físicamente muy bien y a veces no puedo hacerme cargo del niño y tengo que llevárselo a los otros abuelos, que viven cerca». Así que el pequeño va de casa de unos abuelos a otros por falta de plazas suficiente en la guardería pública de Coia.

«Yo perdí un trabajo de ocho horas diarias porque no tenía dónde dejar al niño», cuenta Dulce María Méndez, la madre de Aarón, cuando regresa a casa. «En esta guardería -dice la abuela señalando al centro infantil Rosalía, de la Xunta-, hay padres de niños que tienen mucho más dinero que mi hija, que tiene un trabajo en precario».

A Dulce María tampoco le entregaron cheque infantil y no le dieron plaza en las otras dos guarderías públicas cercanas a su domicilio. Tuvo que recurrir a una privada. Tras matricularlo allí, la Xunta le ofreció un centro público que está a seis kilómetros de distancia. Pero no tiene coche: «Tendría que levantar a mi hijo a las seis de la mañana y coger dos buses para llegar a las ocho a la guardería. No son horas para un niño».