La ley del 2003 recogía la posibilidad de los bares, restaurantes, centros culturales, pero no usos habitacionales, ni viviendas ni hoteles, puntualiza Rebollo. «Solo quedaba la salvedad de hacer algo a través de una autorización expresa del Consejo de Ministros», explica. Ahora, la nueva ley en debate busca una flexibilización en la tramitación administrativa. Se trataría, matiza Rebollo, de separar dos ámbitos: «La zona del dominio marítimo terrestre, que seguiría bajo los auspicios del Consejo de Ministros, y lo que queda fuera, sobre lo que decidiría directamente Fomento. Esto no significa bajar los estándares de exigencia, no es un a barra libre, s olo la posibilidad de contemplar algún uso habitacional. Algo que se comprende perfectamente cuando uno visita la costas de Inglaterra o de Noruega», argumenta. Carlos Abella, responsable de mantenimiento de ayuda a la navegación de la Autoridad Portuaria de Vilagarcía, farero e hijo de farero criado en la isla de Sálvora -«puedes decirlo», invita orgulloso-, se muestra favorable «a los usos alternativos, pero no deliberadamente cualquier uso, como no se monta una cafetería en una ermita». Abella apuesta por la museística y los centros de interpretación, y recuerda que «el mantenimiento puede correr a cargo público por la condición cultural del faro, su historia». Por supuesto, admite las excepciones. De hecho, en la demarcación arousana está el proyecto pionero y único en Galicia: el restaurante del faro de punta Cabalo (A Illa). El gerente, Rodrigo Lojo, satisfecho con su negocio, cree que cada caso debe verse de forma diferenciada. «Según el lugar, el clima, el edificio... Difícilmente puedes montar en las Rías Altas en mar abierto un restaurante con terraza como este», anota.