El éxodo de los lectores

La Escola Oficial de Idiomas de Vigo pierde este curso a su tercer becario extranjero, también desesperado por el retraso con que la Xunta paga sus sueldos


Hace hoy justo una semana, Catherine Murphy, una joven británica, presentó formalmente su escrito de renuncia a la beca que la mantenía estudiando y dando clase en la Escola Oficial de Idiomas (EOI) de Vigo. Es el tercer caso que se da este curso en el centro. Esta vez, Catherine presentó una carta en la que agradecía a la escuela el trato recibido y lamentaba la situación, que, según su criterio, es insostenible.

Catherine, como el resto de los lectores extranjeros repartidos por las escuelas de idiomas de Galicia, ha sufrido el hecho de que su pagador, la Xunta, se retrasaba en sus obligaciones todos los meses. La primera entrega vino con mes y pico de retraso; en Navidades acumulaban una demora similar -«para muchos fue una temporada muy difícil», recuerda Catherine-; cobraron los atrasos a mediados de enero, y bien entrado marzo, las becas de enero y febrero. Ahora, a mediados de abril, siguen sin cobrar marzo. Un desastre.

La mayor parte de los afectados se han cansado de llamar a la Administración, han escrito cartas, particular y colectivamente, y han dado cuenta a sus consulados. Lo único que han conseguido es un curso acelerado sobre cómo se escurre el bulto en España. Al menos en Galicia. Catherine también lo ha hecho, pero concluye que no ha venido a esta comunidad autónoma para especializarse en batallas dialécticas con la Xunta y que no aguanta más.

Antes que ella, regresaron a su país una chica canadiense y un lector alemán. Catherine se va a quedar en Vigo. Ha conseguido un empleo en una academia que le permitirá afrontar los gastos hasta el verano, cuando piensa firmar un contrato laboral con la Universidad de Cambridge: «Me gusta mucho Galicia. Soy de origen irlandés y estoy muy interesada en las culturas celtas. Por eso me quedo. Sé que esto es un problema solo con la Xunta. Me da muchísima pena irme, porque lo pasaba muy bien en la escuela. Me han tratado muy bien. Pero hay que vivir, ¿entiendes? Comer y eso».

Las becas que reciben estos lectores, que trabajan como profesores de apoyo en las escuelas, son de setecientos euros mensuales. La Consellería de Educación, responsable de su contratación, explica que el problema está en Facenda, que es el órgano que libera los pagos y donde se atasca la relación. Problemas burocráticos, informáticos y de gestión han sido esgrimidos en cada ocasión, con el añadido de que esta vez ya estaba todo solucionado. Sin embargo, los becarios no conocen todavía, desde octubre, un pago en tiempo y forma. Incluso varias escuelas y profesores han tenido que usar fondos propios para sufragar algunos adelantos a los jóvenes becarios, que se ven desorientados en un país extranjero, sin apoyos y sin cobrar sus nóminas.

Brandon Severance, uno de los lectores que todavía resisten en la escuela de Vigo, considera que habrá más deserciones. Él se ha puesto al menos dos veces en contacto con el consulado de EE.?UU. para exponer el problema. Y le consta que hacen gestiones. «Pero no puedo estar todos los meses llamando a la Xunta o al consulado para reclamar lo que me pertenece».

Hartazgo y dignidad

«Parece que no nos quieren -explica Catherine-. Pero entonces no sé por qué nos contrataron. Si esto ocurriera en mi país, me sentiría avergonzada». Ella también se ha puesto en contacto con su consulado, pero el hartazgo y la dignidad han podido más: «No puedo quedarme en un empleo donde no quieren pagarme aunque yo vaya todos los días a hacer mi trabajo seriamente».

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