El tiempo dirá si del primer encuentro entre Feijoo y López queda algo más que esa foto que interesaba a ambos, pero en su comparecencia conjunta de ayer demostraron una sintonía que trasciende lo personal y empapa sus gestiones. El presidente gallego y el lendakari calcaron sus discursos sobre la política lingüística y el desarrollo estatutario, aunque con matices.
Patxi López facilitó la reunión. Hasta le ahorró a Feijoo el desplazamiento a Vitoria, al abrir para la ocasión el palacio de Artaza, un coqueto caserón de principios del siglo pasado que el Gobierno vasco adquirió hace dos décadas. El frío palacete de acentuada influencia inglesa se calentó con el bullicio de la sorprendente expectación mediática. La sintonía sobre el idioma brotó de inmediato. El presidente vasco expresó su determinación de incorporar «con mucha contundencia» el inglés en un sistema equilibrado entre el castellano y el euskera. «Nosotros buscamos consenso con la comunidad educativa, para que la euskaldunización no suponga problemas», comentó. Feijoo hizo ver las diferencias del euskera con el gallego, «que en Galicia conoce y domina el 99% de la población», y destacó que los dos Gobiernos «comparten los conceptos de bilingüismo, libertad, promoción y protección de su lengua propia, y ambición colectiva del trilingüismo». Antes, había presentado su modelo como un «plagio» de la calle.
El debate sobre el autogobierno aportó más contrastes. Como le sucede a Feijoo con el PSdeG, también López tiene que afrontar presiones del PNV para abrir el proceso de reforma estatutaria. Aunque el argumento de ambos es idéntico, al considerar que un nuevo texto no es prioritario y abogar por exprimir antes el marco actual, las lecturas son dispares. El popular Feijoo culpa al Gobierno de Zapatero de bloquear el desarrollo del autogobierno gallego, mientras el socialista López lamenta que sean los nacionalistas los que ponen piedras en las buenas intenciones de Zapatero de avanzar en el Estatuto vasco.
La puesta en escena, sobria, inspiró algunas pullas sobre la austeridad impuesta por el lendakari. Al igual que Feijoo, una de las primeras medidas de López fue recortar un 10% los altos cargos. El presidente gallego había presumido en su conferencia anterior de aplicar la tijera al 50%, como un «mensaje ético» necesario frente a la crisis.
Feijoo y López sintonizaron incluso a la hora de utilizar sus idiomas autóctonos en el arranque de sus alocuciones ante la prensa. En sus ideas, y en cierto modo hasta en su pose, parecen compartir un mismo lenguaje.