«No estamos preparadas para hacer nuestro trabajo en un módulo masculino»

La Voz

GALICIA

Entró a trabajar como funcionaria de Instituciones Penitenciarias hace dieciocho años. Es una de las 24 trabajadoras de la cárcel coruñesa de Teixeiro que aprobaron el examen para acceder al cuerpo antes de que la ley de igualdad eliminara las escalas. Cuando entraron, sus funciones estaban recogidas en las bases de la convocatoria: la labor habían de desempeñarla en módulos femeninos. Ahora, Margot tiene que hacer, de vez en cuando, alguna noche en los pabellones masculinos. «Es el trabajo que tenemos y cuando nos mandan hay que hacerlo, pero no podemos realizar igual la labor para la que nos preparamos, la labor que nos gusta», apunta.

El trabajo que han de hacer las funcionarias es el de vigilar y mantener la seguridad en el recinto. Tienen que descubrir dónde pueden estar guardado un pincho (arma punzante en lenguaje carcelario) o velar por que nadie acabe herido. «Un pincho lo pueden hacer de lo que ni imaginas», explica, mientras muestra la funda de un menú con la que, explica, podrían cortar el cuello de cualquiera.

Fuerza

Pero ahora se enfrentan a un problema. «No estamos preparadas para hacer el trabajo que tenemos que realizar en un módulo con hombres. No hay una preparación para ello. En caso de una pelea, ¿cómo puedo colaborar con el compañero que nos acompaña en la ronda?», replica.

Porque, comenta, la normativa establece que al hacer guardia en esos pabellones, como hay labores como el cacheo que no pueden desempeñar con personas de otro sexo, han de ir acompañadas de un compañero. «Pero hay libranzas y, ahora, con el método de plazas para todos es probable que cada vez entren un mayor número de mujeres. ¿Cómo van a hacer luego las parejas?», explica la funcionaria. El mayor problema, comenta, puede producirse en las penitenciarías nuevas.

Con todo, habla del buen trabajo que hacen sus compañeros. «Tienen una mayor carga de trabajo y respetamos esa labor», comenta. Pero también pueden tener un problema parecido, a la inversa. Hay algunos, explica, que ya fueron denunciados por acoso al hacer un cacheo.