El serrín que cubría el suelo era lo único que ayer permanecía intacto en una granja de pollos del municipio coruñés de Boiro a la que, en la madrugada del jueves, se le vino encima un enorme eucalipto. Ni siquiera la mirada de su dueño, Rafael Hernández, era normal. El hombre tenía los ojos hundidos y no tenía fuerzas ni para mostrar los desperfectos: «¿Danos? Pasade e mirádeos, isto é terrible. Eu non diría que son danos, diría que nos levou todo por diante. Pensade que ademais de todo o que vexades, tivemos que matar 14.000 polos».
Acto seguido, la realidad hablaba por sí sola. El eucalipto que se coló en el edificio aplastó totalmente la cubierta y, a partir de ahí, todo se convirtió en un desastre. Los comederos, la estructura del edificio, las vigas... Todo se vino encima de los pollos que permanecían en el interior.
Hernández tardó poco en conocer las malas nuevas: «Viñen coma sempre, sobre as seis da mañá, e atopei todo así», señalaba. Luego, el hombre decía mucho con pocas palabras. Hablaba de que su suegro se había iniciado en el negocio hace tres décadas; de que hace dos años le cambiaron la cara a las instalaciones a golpe de invertir... Y de que el futuro es más que incierto.
Mientras hablaba, un operario vaciaba contenedores verdes en un camión. Ahí iban 14.000 pollos. Los animales tenían solo siete días y, al quedar a la intemperie, no quedó otra que gasearlos para darles muerte. No fueron las únicas víctimas del temporal. A pocos kilómetros de esta granja, en otra instalación similar, hubo que sacrificar conejos al verse también dañado el edificio.