No resulta fácil medir la eficacia en la lucha contra un problema tan complejo como el de la drogadicción. Si el baremo son las altas médicas, el sistema todavía se mueve en porcentajes del 25% para los programas con más éxito. Básicamente, la atención se divide entre programas que trabajan con derivados opiáceos (metadona), con fármacos antagonistas opiáceos, los programas libres de drogas, y los específicos para alcohol y psicoestimulantes. El que mantiene más altas (24,7%) es el libre de drogas. El que menos, el que trabaja con fármacos contra el alcohol (3,6%).
Sin embargo, la eficacia del plan reside también en su capacidad para mantener atendidos a un colectivo de enfermos que crece cada año. A finales del 2008 estaban bajo algún tipo de tratamiento 13.207 personas, la cifra más alta de los 16 años de historia del plan gallego.
Pese a que en los últimos años el ascenso en la curva del número de pacientes ha sido muy suave, es notable el crecimiento experimentado en algunos programas y la reducción en otros. Así, los pacientes que ingresan para ser tratados por el abuso de psicoestimulantes casi se han multiplicado por diez en los últimos cinco años, consiguiendo índices notables de altas (23,3%), pero también de abandonos (45,8%). Por otro lado, programas como el que aborda la adicción a la heroína con fármacos antagonistas de los opiáceos (anulan el efecto de recompensa tras el consumo) han caído a prácticamente la mitad de usuarios en el mismo período de cinco años.