En Castro les pilló a todos por sorpresa la entrada y el registro de la jueza y la policía en el Concello. Ayer uno de los concejales que se salvó de la detención dijo que en el municipio no había un antecedente similar desde la época de la Guerra Civil. Nadie había visto tanto policía junto en la localidad: un buen número de agentes en prácticas en la comisaría lucense fueron movilizados para apoyar a sus colegas llegados de A Coruña. Si los detenidos pasaron un mal trago, también sus familiares vivieron momentos de mucha tensión porque, según explicaron algunos de ellos, los ediles ni tan siquiera tuvieron tiempo de avisar de lo que les estaba sucediendo. «Pensamos incluso en que tivera algún accidente», comentó un pariente de uno de los arrestados y al que la esposa del concejal llamó angustiada para comunicarle que su marido no aparecía por ningún lado. No fueron tampoco gratos los momentos en que los detenidos quedaron confinados en los reducidos calabozos de la comisaría lucense. Los ediles tuvieron que enfrentarse a una situación de penuria. Les entregaron una manta, les dieron comida de cátering y pasaron la noche sobre una colchoneta. Los familiares lamentaron este trato y sobre todo que la jueza hubiese prolongado la detención, ya que entienden que era prioritario dar una pronta solución a su situación personal. En el PSOE no solo causó sorpresa, sino también malestar el trato, si bien nadie del partido quiso quejarse públicamente. Tanto es así que allegados de los detenidos mostraron su disgusto por el tibio respaldo de algunos altos cargos socialistas que, por cierto, mantenían una estrecha relación con el alcalde hasta el extremo de acudir con cierta frecuencia a Castro, especialmente los miércoles, para tomar el pulpo en la feria semanal que se celebra en la localidad de Ribeiras de Lea.