Ir de botellón no es sinónimo de ir de cualquier manera. Al contrario. Muchas chicas lucen tacones largos, faldas cortas y maquillajes cuidadosamente elaborados. Sin embargo, la combinación noche, hormonas y alcohol no conduce necesariamente al resultado predecible. Una joven da una teoría: «Aquí no se viene a ligar, en tal caso a filtrear». -Será a flirtear. -Bueno, eso. En toda la extensión del parque resulta difícil ver siquiera un abrazo entre una pareja. «Igual haces algún contacto y luego lo explotas en los bares de copas», explica uno de mi grupo. «Si tienes suerte», matiza otro. Una estudiante de Derecho, que dice que sacó de un botellón una relación que le duró año y medio, expone la clave definitiva sobre el asunto: «Aquí no hay intimidad».