Recipientes, excipientes y principios activos

La Voz

GALICIA

Pese a las quejas de los hosteleros, es evidente que el botellón ha hecho aflorar otro tipo de negocios. Cerca de los jardines, un supermercado de 24 horas despacha una inusitada cantidad de alcohol, especialmente entre las nueve y las diez de la noche, hora límite en la venta de alcohol según la ley seca de A Coruña. Otro bar cercano se ha especializado en la venta de copas de litro a precios asequibles, de modo que algunos botelloneros prefieren llegar con el vaso gigante a cargar con las botellas. Al fin y al cabo, siempre se puede piratear algo de hielo. Frente al supermercado se han citado un grupo de universitarias de primero y segundo. Se van de cena, pero antes deben aprovisionarse. Dos de ellas planifican: -¿Cuántas botellas compramos? -Tres. -¿Treeeeeees? -¡Hombre! Si somos seis... Es la cuenta que, en la dinámica botellonera, rige para casi todos: una botella para cada dos. En este grupo caen tres de vodka. «Porque tenemos poco dinero», me aclara una de ellas sin que yo lo entienda muy bien. Las chicas eligen también refresco de naranja y limón, dos botellas, y un pack de vasos de plástico. El hielo queda para más tarde. Cuando regresen de la cena, camino de los jardines, el súper seguirá abierto con las neveras repletas de hielo. En total, unos 30 euros, a cinco por minifalda. Mi grupo llegará mucho más tarde. La parada es solo para aprovisionarse de excipiente (cola y hielo) y recipientes (los míticos vasos de plástico). El principio activo ya había sido adquirido por la tarde. Basura por un tubo Cada grupo carga con unos cuantos kilos de residuos, cristal y plástico básicamente, que quedará en su mayor parte diseminado por los jardines, incapaces de albergar en sus escasas papeleras semejante avalancha de basura. Es lo peor. Al menos lo que todo el mundo lamenta, también entre los botelloneros. Todos lo dicen pero lo cierto es que el trasvase de alcohol de la botella al organismo relaja notablemente la pulsión por la limpieza. En el friso de las tres de la madrugada, cuando me retiro, puedo dar fe de que no he visto ni una vomitona, ni un episodio de violencia, ni a nadie que pareciera menor de edad. Eso sí, basura por un tubo.