Feijoo intentó jugar la baza del talante con Zapatero, pero tras la reunión ha endurecido su discurso y ha enseñado los dientes
22 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.A fuerza de repetir el mantra para superar el vértigo, en el PSOE han acabado por asumir el chascarrillo. «Lo mejor es que Rajoy se consolide en el PP porque así aseguramos la victoria en el 2012», reza la ocurrencia. El problema es que mientras la repiten con sonrisa cada vez más forzada, Rajoy no solo se consolida, sino que encadena dos victorias planteadas como un pulso con Zapatero.
«Lo mejor sería que ganáramos unas elecciones cuanto antes», afirman los socialistas a los que el chiste no les hace gracia. Unos y otros saben que el problema no es Rajoy, sino la crisis. Es decir, no se trata de si Rajoy llega o no al 2012, sino de si la recesión, el paro y el nulo consumo aguantan hasta esa fecha. Si es así, la batalla será muy dura.
En ese escenario, el sarcasmo en el PSOE se matiza bastante: «Si se mantiene la crisis, con Rajoy corremos el riesgo de perder, pero con otro candidato estaría casi imposible». Zapatero le tiene tomada la medida al líder del PP. Y teme realmente un cambio de liderazgo en Génova. Antes del 2012 parece imposible. Pero es seguro en caso de derrota popular. Y cuando otea el horizonte, especialmente después de los problemas de Camps con su sastre, de Aguirre con sus espías y de Gallardón con sus olimpiadas, ve un candidato claro a suceder a Rajoy: Núñez Feijoo.
Zapatero se toma muy en serio la figura del presidente de la Xunta como líder emergente del centro derecha en España. Y comienza a marcarlo con dureza. Feijoo lo comprobó el pasado lunes en la Moncloa. En plena lucha encarnizada sobre la nueva financiación autonómica, acudió a la cita convencido de que sus argumentos eran irrefutables. Y de que frente a tanto grito, para ganar terreno en esa subasta, lo mejor es el talante y el diálogo razonado. Tardó poco en comprobar que no es así.
Batalla por la financiación
Feijoo llegó cargado de razones y con una sonrisa. Pero Zapatero, que ve ya a un futuro rival detrás de ese gesto amable, no le dio ni agua. Mismas promesas vagas que al resto, mismos compromisos difusos, palmada en la espalda y adiós. Y el reloj, corriendo a su favor. Tras dos horas y media en la Moncloa, Feijoo salió con la cabeza caliente, los pies fríos y sensación de mareo. Al llegar a Santiago comprobó que le faltaba la cartera.
Pero, por lo que parece, ha reaccionado rápido. Al diablo el talante, el diálogo y el buen rollito. Ha comprendido que, hablando de financiación, hay que mancharse de barro por muy presidente autonómico que se sea. Y ahora enseña los dientes. No acepta ultimátums, no le vincula el Estatuto catalán por mucho que se aprobara en el Congreso y en referendo y los intereses de Galicia están por encima de cualquier consenso. Quedan 25 días y Feijoo está dispuesto a pelear.
El problema es que otros, como Montilla, Chaves y Griñán, y hasta Esperanza Aguirre, llevan meses en el ring. Y han ganado ya algunos asaltos. En desventaja temporal, Feijoo haría bien en buscar aliados y nuevos argumentos. Está bien y es justa la tesis de la dispersión y el envejecimiento. Pero tiene dos problemas. Limita el campo de los posibles socios y condena a Galicia a vincular la mejora de su financiación al subsidio para solucionar un problema estructural, en lugar de ampliar la inversión estatal en base a su progreso. Feijoo se juega mucho en esta batalla. Y desde la Moncloa, Zapatero observará interesado el desenlace para comprobar la fuerza de su posible futuro rival.