De reducto rural a octava ciudad

GALICIA

Narón inició en los noventa un crecimiento poblacional espectacular provocado por el bum urbanístico e industrial y va ganando terreno poco a poco a su vecino Ferrol

03 jun 2009 . Actualizado a las 12:18 h.

El crecimiento poblacional, empresarial y urbanístico de Narón, que hasta hace dos decenios era un reducto rural, marginado y a la sombra de la señorial ciudad de Ferrol, ha sido casi una obsesión para sus dirigentes municipales, en especial para el que fue su alcalde durante 23 años, Xoán Gato.

A principios del siglo XX, este concello enclavado en el corazón de Ferrolterra, apenas contaba con 8.000 habitantes. A 1 de enero del 2009, los datos provisionales del Instituto Nacional de Estadística (INE) le otorgan 37.707 vecinos. El crecimiento demográfico ha sido espectacular y le ha valido para, si finalmente se confirma la propuesta del INE, convertirse en la octava ciudad gallega, destronando así al municipio arousano de Vilagarcía.

«Era unha loita sana», bromea el actual alcalde, Xosé Manuel Blanco. Sin embargo, deja claro que con este escalón que sube Narón en el escalafón de las urbes gallegas «vense a recoñecer un traballo de moitos anos para facer de Narón un lugar ideal para vivir».

El municipio actúa, como ocurre en el área metropolitana de A Coruña o Santiago, como ciudad dormitorio, ganando vecinos mientras Ferrol los pierde. Sin embargo, y a diferencia de Oleiros, Ames o Teo, Narón ha conseguido desarrollar una potente red industrial y empresarial, capaz de crear cuantiosos puestos de trabajo. Solo el polígono de Río do Pozo, la tercera área empresarial de Galicia, genera más de 7.000 empleos directos.

Este parque industrial, junto a otros dos de menor superficie, han actuado como imanes de nuevos vecinos. Como consecuencia, solo uno de cada tres censados en Narón nació en el concello.

A este auge lo ha acompañado, especialmente en el último decenio, un bum urbanístico que ha mantenido las arcas municipales boyantes. «Eses ingresos permitíronnos levantar infraestruturas que melloraron a calidade de vida dos veciños, como tres garderías e outra máis que imos facer, o Pazo da Cultura, que é o segundo maior auditorio de Galicia, ou unha casa consistorial nova», recuerda el mandatario naronés.

La crisis económica, sin embargo, ha puesto coto a un frenético crecimiento urbanístico a razón de unas mil licencias por año. En las cifras de población aún no se nota, ya que, como explica el alcalde, los edificios que se levantaron en el 2007 y el 2008 están recibiendo ahora a sus propietarios. «Calculamos que este ano serán habitadas unhas 1.500 vivendas novas», apunta Blanco, que advierte de que será en el 2011 cuando «a liña ascendente de poboación se estanque un pouco».

El 80% de los naroneses están agrupados en el núcleo urbano, que se extiende a lo largo de la carretera de Castilla. Los barrios más poblados son A Gándara, Santa Cecilia y El Alto del Castaño. Domingo Fontao es desde hace once años el presidente de la asociación de vecinos de este último. Lleva cuarenta años viviendo en El Alto y recuerda cuando el actual centro administrativo del municipio, donde se ubica la casa consistorial, el centro de salud o la biblioteca, «era uns terreos cheos de regachos de auga» y había «cabras e burros nas fincas». Destaca como una importante mejora el progreso de las comunicaciones, que ha permitido al municipio estar conectado con la autopista AP-9 y con la autovía de As Pontes. «Antes estabamos illados», afirma Fontao.

El censo local se ve engrosado en gran medida con gente joven. Es el caso de Marta Quinteiro, madrileña de 25 años, que después de residir en ciudades como Toledo o Elche recaló en el barrio naronés de A Solaina, donde se había criado su novio. «Me vine por amor», explica esta joven licenciada en Comunicación Audiovisual que está buscando trabajo. No echa de menos la gran oferta comercial de Madrid porque, explica, «en Narón tienes de todo, compro, voy al gimnasio... en un día hago muchas más cosas que en Madrid». La lluvia es el único pero que le pone a su actual lugar de residencia, en el que «me gustaría quedarme», aclara.