Del «calcio» al banquillo... del juzgado

GALICIA

Massimo Capobianco iba para estrella del fútbol italiano hasta que una lesión lo apartó del Inter. Desde entonces, atraca bancos. El lunes fue detenido en A Coruña

13 may 2009 . Actualizado a las 02:08 h.

Massimo Capobianco era un espigado delantero de las categorías inferiores del Inter de Milán a principios de los noventa. Prometía. Era rápido y habilidoso. Llegó incluso a debutar en la Serie A. Hasta que una gravísima lesión lo obligó a dejar una carrera prometedora en el fútbol italiano. ¿Qué hizo entonces? ¿Abrió una tienda de deportes? ¿Un pub? No, abrió cajas de caudales. Formó una banda de atracadores, asaltó varios bancos en Galicia, fue condenado a seis años en el 2004, salió de prisión y este lunes, con 35 años de edad, volvió a ser arrestado. Dos agentes de paisano que llevaban dos semanas pisándole la huella lo sorprendían encañonando al director de un banco en A Coruña.

Cuando se vio obligado a dejar el fútbol, Capobianco pronto descubrió que con una pistola en sus manos se podría ganar tanto dinero como con un balón en los pies. Y se lanzó a una desenfrenada carrera delictiva. Viajó junto a unos amigos a España y no tardaron en convertirse en una banda, una peligrosa camarilla de atracadores de bancos que en el 2002 llegaron a Galicia, convirtiéndose en azote de sucursales. Durante meses fueron una auténtica pesadilla para la Guardia Civil y la policía. La banda atracó entidades bancarias de A Coruña, Narón, Sigüeiro (Oroso), Guísamo (Bergondo), Guitiriz, Perillo (Oleiros) o Mesón do Vento (Ordes).

No había forma de echarles el guante a pesar de que su acento italiano los delataba allá por donde pasaban. Entre abril y octubre del 2003 cometieron ocho atracos en sucursales bancarias distribuidas por toda la geografía gallega. Consiguieron un botín de casi 400.000 euros, además de varios relojes que sustrajeron a los empleados de las oficinas mientras los apuntaban con pistolas que resultaron ser de plástico. Porque a Capobianco, como a sus compinches (A.?A., de 34 años, y una mujer, A.?E. de 42), se les podría tachar de todo, menos de violentos. Jamás le hicieron un rasguño a nadie.

Pistolas de juguete

El primer atraco que cometieron en Galicia fue el 7 de abril del 2003, en una oficina bancaria de A Coruña. Obligaron a los seis empleados y a un cliente a meterse en una de las dependencias del local, donde les ataron las manos. Obligaron a una de las cajeras a abrir los dispensadores de dinero, de donde sacaron 11.400 euros, bajo la amenaza de que «fuera buena», sino «pum, pum». En las siguientes ocasiones sacaron pistolas para amedrentar a los trabajadores y clientes. Sin embargo, una vez detenidos, se comprobó que una de las armas intervenidas era de plástico, de aire comprimido, preparada para disparar bolas de plástico o de tinta y estaba inutilizada por un defecto del gatillo. La otra era un juguete, también de plástico, fabricado en China.

Siempre asaltaban a primera hora de la mañana o en horario de cierre, a las dos de la tarde. Y esperaban en la oficina hasta que se abriese la caja.

Por todos aquellos atracos -se les imputaban ocho, pero la Guardia Civil estaba convencida de que los robos casi alcanzaban la veintena- fueron juzgados. El fiscal pedía para ellos penas de 43 años de prisión. Pero su abogado, el penalista coruñés Jesús Lamelas, consiguió que sus condenas se quedasen en seis años. Salió pronto y volvió a las andadas.