Las relaciones entre Baiona y Oia están al rojo vivo por culpa del cabo Silleiro, el enorme peñasco que se encuentra justo en el límite entre los dos ayuntamientos. Ambos se disputan la titularidad de este enclave de 20 hectáreas de terreno donde se encuentran el conocido faro y las antiguas baterías militares de la Guerra Civil.
La última ofensiva lanzada desde el municipio turístico ha sido la colocación de un cartel de señalización de este lugar en el que claramente se puede entender que pertenece al Concello de Baiona.
Las autoridades locales han colocado el panel en pleno casco urbano, a cinco kilómetros de distancia de donde se encuentra el faro. Ha sido toda una provocación para el municipio de Oia. Su alcalde, Alejandro Rodríguez, se lo ha tomado como una cuestión personal. La reivindicación de Silleiro es su particular batalla contra los intentos de expansión del municipio vecino. «Que cada uno ponga sus armas, yo me estoy dotando de las mías», afirma en tono beligerante, aunque después matiza que se refiere a un localizador GPS que se ha comprado para fijar las coordenadas de los antiguos mojones que separaban ambos ayuntamientos y que ahora se está encargando de desenterrar para demostrar que está dentro de sus lindes.
Alegación
El primer «ataque» de Oia para reivindicar su cabo ha sido una alegación contra el plan general que hace unos meses aprobó inicialmente el gobierno de Baiona. No descartan presentar un contencioso si no queda admitida su alegación. Cada cual esgrime sus razones para adjudicarse el cabo y no se ponen de acuerdo ante los planos del Instituto Geográfico Nacional. El alcalde de Oia apela a un acuerdo de 1890, en el cual Baiona y Oia deslindaron el monte en la divisoria de aguas.
Haría falta un esfuerzo diplomático para evitar que estalle el conflicto entre ambos ayuntamientos por culpa del «Perejil gallego». En este caso no está en liza un islote, sino el cabo que desde hace siglos sirve de referencia a muchos barcos para entrar en la ría de Vigo.