Zapatero busca aliados para formar una mayoría y el Bloque tiene que hacer valer sus dos votos tras haber perdido la Xunta
23 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Hacía tiempo, si es que alguna vez ocurrió, que el resultado de las elecciones autonómicas en Galicia no influía en la política nacional hasta el punto de marcar toda la agenda política. Se esperaba que las gallegas decidieran el futuro político de Rajoy. Así ha sido. Y ese horizonte parece despejado para el líder del PP, al menos hasta el 2012, salvo debacle no esperada en las europeas de junio.
Pero con lo que nadie contaba es con que las elecciones gallegas marcaran el futuro no de Rajoy, sino de Zapatero y el de todo su Gobierno. Y lo ha hecho hasta el punto de que se pone ya en cuestión si aguantarán hasta el 2012 con una crisis cuyo final no se adivina y sin una mayoría estable en el Congreso.
La crisis venía de lejos, pero las gallegas han dejado claro que el PSOE se estanca y no solo por culpa del caos financiero internacional. Ni el proyecto de tinte social con el que Zapatero ganó las elecciones ni el Gobierno que formó son lo que se necesita en este momento, más propicio para ponerse el casco y apretar el cinturón.
En el propio PSOE creen necesario un cambio de rumbo y de caras en el Gobierno. Esa es la primera tarea de Zapatero. La segunda es conseguir aliados fiables en el Parlamento. En Cataluña y el País Vasco, a base de expulsar a los nacionalistas, los socialistas han perdido la opción de apoyarse en ellos para gobernar, una solución de la que han echado mano todos los Gobiernos, incluidos los del PP, cuando se han encontrado en dificultades. Pese a las grandes diferencias con el PSOE y el PP, tanto CiU como el PNV han sido tradicionalmente unos aliados más fiables de lo que pueden serlo ERC o el BNG.
Pero a Zapatero no le queda ahora otro remedio que apoyarse en estos dos partidos y buscar otros dos votos para llegar a los 176 que dan la mayoría. La experiencia de la primera legislatura con ERC acabó mal, por lo que no será fácil retomarla. Y en cuanto al BNG, ha sido hasta ahora un aliado fiel. Pero fuera de la Xunta y en crisis interna, el Bloque es un socio peligroso por impredecible.
La situación se torna más compleja aún por el calendario electoral y la crisis. De inmediato comienza una nueva campaña, la de las europeas. Disputándose los votos a cara de perro, será difícil que nadie quiera retratarse en el Congreso junto a Zapatero y hacerse corresponsable además de los efectos de la crisis en España.
Pero la situación no solo es compleja para el PSOE. El BNG ha perdido el poder en la Xunta solo cuatro años después de tocarlo por primera vez. Y no para de perder apoyos. En esa situación, el Bloque está obligado a hacer valer sus votos en Madrid y dejarse ver consiguiendo a cambio unas inversiones para Galicia que ya no puede negociar desde la Xunta. Si no logra vender sus dos escaños en Madrid, la tesis de que el único voto útil para Galicia es el del BNG se habrá venido abajo estrepitosamente.