«Sería un error garrafal no respetar con mimo aquello que nos seduce»

El arquitecto vigués y profesor de la Escuela de Arquitectura de A Coruña ganó el concurso público convocado para diseñar el futuro parador de Muxía


Alfonso Penela Fernández (Vigo, 1955) acaba de recibir el encargo de diseñar el fututo parador de Muxía. Su proyecto fue seleccionado entre 15 aspirantes por un jurado formado por una docena de representantes del Gobierno, la Xunta, el COAG (colegio de arquitectos) y el Concello de Muxía. El concurso público del que salió vencedor lleva aparejado, además, un premio de 90.000 euros al mejor proyecto. Licenciado en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Barcelona y profesor de Proyectos Arquitectónicos en la de A Coruña, este experimentado arquitecto tiene claro lo que quiere hacer en Muxía.

-¿Cómo definiría su proyecto para el parador?

-Si normalmente en un proyecto entender el lugar es importante, en el caso de Muxía es absolutamente determinante. El proceso que seguí fue lento y con bandazos, hasta encontrar un acuerdo entre la geomorfología del lugar y el problema que tendríamos que resolver. En el caso de Muxía se trata de un lugar casi mágico, como otros de la Costa da Morte, una zona menos destrozada que el sur. Para mí, es un reto intentar que lo construido sea capaz de convivir adecuadamente con la naturaleza, con el paisaje.

-¿Cómo se plantea edificar un hotel en un paraje como el de Muxía?

-Es posible construir con sensibilidad y esfuerzo en un lugar tan extraordinario como ese. De hecho, ya hay construcciones allí, bancales, terrazas, cortavientos, que se han ido produciendo con un ajuste en el tiempo. Sería un error garrafal no respetar con el máximo mimo aquello que nos seduce. Tenemos que preservarlo con todo su carácter. No queremos hacer un jardín inglés, ni francés, ni japonés, sino disfrutar de la intensidad de ese paisaje. El proyecto nace de ese lugar.

-¿Y hay sitio para un edificio de tales dimensiones?

-En un edificio de ese tamaño hay que asumir la modestia. La arquitectura no debe estar presente, pero eso, en vez de un problema, deviene en virtud, porque la integración del edificio en el terreno protegerá la naturaleza y beneficiará, por ejemplo térmicamente, a la obra.

-¿En qué medida influyó el paisaje en su diseño?

-El edificio es su relación con el paisaje. La topografía es como un molde para el proyecto.

-¿Qué lo llevó a presentarse al concurso y qué le gusto de la idea de poder hacer el parador?

-Para presentarme hay varios motivos. Uno de ellos, claro, es lograr trabajos. La primera sensación que uno tiene al llegar al lugar es la de que allí no hay que hacer nada. Da hasta miedo. Pero si lo haces bien, sientes que la naturaleza mejorará el proyecto.

-¿Es la primera vez que trabaja en diseñar un hotel?

-Antes he hecho cosas de este tipo, como la casa de turismo rural de Aldán, una antigua fábrica de salazón. Con eso tenía un reto tipo Muxía. También con los alojamientos para estudiantes de la Universidade de Vigo. Fue una obra que surgió de las curvas de nivel del terreno.

-Parece que el elemento más importante de su proyecto es la configuración del entorno.

-Viviendo donde vivimos, no escuchar a la naturaleza sería no entender el lugar en el que estamos. Entender a la naturaleza tiene que ver con la relación entre el hombre y el paisaje.

-¿Ha sentido la presión social de este proyecto?

-Solo la de resolver bien el problema.

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