El PSdeG y el PP colisionan en Vigo

GALICIA

Touriño será cabeza de lista por Pontevedra para apuntalar el voto en la ciudad olívica. Allí es donde Feijoo concreta sus aspiraciones para acceder a la Xunta

23 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El baile de escaños en las dos provincias orientales, Lugo y Ourense, y el campo de batalla de Vigo serán -al margen del efecto del voto emigrante- los dos grandes escenarios en los que se disputarán las próximas elecciones autonómicas, previstas para dentro de tres meses, y en las que tanto el PPdeG como la alianza PSOE-BNG se ven con opciones de tomar las riendas de la Xunta, pese a ser conscientes de que la evolución diaria de la crisis puede acabar desbaratando sus estrategias.

El laberinto vigués va a ser uno de los principales caminos de acceso al Gobierno autónomo. Pese a que en el 2007 los socialistas recuperaron la alcaldía cedida doce años atrás por Carlos Príncipe, todavía están muy lejos de rentabilizar el cambio, en gran medida debido al bloqueo urbanístico, la escasa materialización de grandes proyectos y la discreta hoja de servicios que exhibe el equipo de gobierno de Abel Caballero. Todo ello lastra el despegue del PSdeG en la populosa urbe y hace sonar las alarmas en Ferraz con cada nueva encuesta, debido a la caída sostenida que se registra en el voto progresista, un problema que se puede agravar todavía más si continúa deteriorándose la situación en Citroën y en el sector industrial.

Revalidar la marca de Fraga

En Vigo también concentra el PP buena parte de sus expectativas. En la provincia de Pontevedra fue donde los populares recibieron su mayor varapalo en el 2005 -con Núñez Feijoo de cabeza de lista-, al imputar a este territorio dos de los cuatro escaños que perdieron en Galicia. Pero el repunte registrado en las municipales del 2007, consolidado en las generales del pasado mes de marzo, da alas al partido de la gaviota, que fía su regreso a la Xunta a la posibilidad de revalidar el último resultado de Manuel Fraga, recuperando a mayores un acta por la circunscripción pontevedresa.

Las circunstancias, por tanto, colocan a Touriño ante la necesidad de apuntalar sus posiciones en la provincia donde más dificultades tiene. Y por eso no es raro que su agenda incluya todas las semanas uno o dos actos en Vigo (al igual que hace Feijoo), ni que el director general de Citroën, Pierre Ianni, se haya convertido en un habitual de las visitas a Monte Pío. Estas mismas razones obligarán al presidente gallego a encabezar la lista por Pontevedra, un compromiso personal alcanzado hace ya ocho años, aparcando así la posibilidad -explorada por sus asesores- de hacerlo por A Coruña. Con este esquema trabaja ya la dirección socialista, consciente de que el líder del PSdeG es uno de los principales activos del partido para aguantar las posiciones, y por eso no es de extrañar que ayer el secretario provincial de Pontevedra, Modesto Pose, se declarara «encantado» con una opción que casi todos dan por segura.

Batalla en la Galicia interior

Tampoco es despreciable la otra gran batalla electoral, la que se librará en las dos provincias del interior, donde el fraguismo asentó sus constantes mayorías. La presión, en este caso, recae sobre el PPdeG, que está por ver si es capaz de evitar la sangría de electores que ha venido sufriendo en los últimos años en Ourense y especialmente en Lugo, donde el poder institucional de los populares empieza a ser marginal.

Las encuestas internas que manejan los partidos coinciden al señalar donde reside el mayor problema de los populares, que es en la posibilidad de ceder sendos escaños por Lugo y por Ourense. El PSOE y sobre todo el Bloque, que pone especial empeño en minar las bases electorales del PP en la Galicia interior, serían los principales beneficiarios de un desgaste popular que va parejo al predicamento que tiene Televisión de Galicia en el ámbito rural.

Pero pese a que los socios del bipartito gallego dan por hecho que se afianzarán sus posiciones en Lugo y en Ourense, en línea con la tendencia de los últimos años, en el PP no dan todo por perdido y consideran que un refuerzo de sus candidaturas y la propia competencia que puede generarse entre el PSOE y el BNG por un mismo electorado pueden acabar favoreciendo sus aspiraciones para retornar a la Xunta, por mucho que al final siempre puedan venir las sacas con el voto de los emigrantes a retocar los resultados.