Ayer aterrizaron en Lavacolla los seis últimos pasajeros gallegos bloqueados en Roma después de que el aeropuerto italiano se cerrase dos días al tráfico aéreo
15 nov 2008 . Actualizado a las 02:02 h.La pesadilla ha terminado. Con ese pensamiento aterrizaron ayer en el aeropuerto compostelano de Lavacolla los últimos pasajeros gallegos que permanecían bloqueados en el aeródromo romano de Ciampino después de que un aterrizaje forzoso obligase a cerrarlo al tráfico aéreo durante dos días.
Los seis últimos gallegos recogieron sus maletas de la sala B de llegadas del aeropuerto compostelano poco antes de las ocho de la tarde de ayer, cuatro días después del vuelo que tenían programado. «El resto de los gallegos se buscaron la vida», aseguraba a su llegada Daniel Tobío. Al parecer, los españoles que permanecían en Roma eran en su gran mayoría cántabros y aragoneses y cogieron su vuelo ayer por la mañana.
Más tranquilos, aunque seguros de que iban a cursar una reclamación por el trato recibido esta semana en Italia, relataron que «no nos dieron ningún tipo de información, y estábamos todo el día tirados en el aeropuerto». Ellos habían intentado volver a casa vía Gerona el martes. «Ya teníamos la tarjeta de embarque y el equipaje facturado, pero cancelaron el vuelo». Como ellos mismos dijeron, les habían mentido. El aeropuerto no abrió sus puertas hasta horas después. Y no solo eso. Al parecer, los vuelos a Inglaterra y Alemania fueron desviados al otro aeropuerto de Roma, Fiumicino, mientras que los españoles, «aunque estaban programados para antes», simplemente se cancelaron.
Reclamaciones
«Lo que peor llevamos fue el hecho de que no nos diesen información». Y es que debían enterarse de todo «por rumores», tal y como relató Mario Fernández, que estudia Administración y Dirección de Empresas en Vigo. Además, explicaron que Ryanair puso muchísimas trabas a la hora de hacerse cargo de las noches de hotel que tuvieron que pasar en un establecimiento cercano al aeropuerto. «El primer día, a mediodía, el director del hotel nos dijo que no teníamos más noches pagadas, que nos teníamos que ir». Y eso no fue lo único. «Nos hacían comer de pie y apartados del resto de la gente», afirmó Noelia Portelo, que está estudiando para preparar unas oposiciones. Por eso, la primera reclamación fue para el propio hotel.
A estas horas, es muy posible que los seis amigos hayan cursado ya una queja a la aerolínea de bajo coste. «Lo único que nos dieron fue un número de fax y una dirección de correo electrónico, y tenemos que escribir la reclamación en inglés o en italiano». No tendrán confirmación de que su queja haya llegado correctamente. Por eso, ayer, antes de coger un tren que los llevase por fin a Vigo, decidieron curarse en salud, y presentar un escrito en el mostrador de Ryanair en Lavacolla.
Y la cosa no va a quedar ahí, porque también tienen decidido reclamar una compensación por esta semana de pesadilla ante el responsable de Consumo en Vigo. Y es que, además de la incomodidad, la desinformación y el dinero extra, estos chicos han perdido una semana de clases «y un día de trabajo», tal y como aseguró Daniel Davila, que trabaja los fines de semana.
De este modo, hay que sumar seis nombres más a la lista de cerca de 20 personas que mañana se reunirán en la capital de Galicia para decidir en qué términos van a redactar las denuncias contra la compañía de bajo coste.
Rosa Elvira Moure, otra de las afectadas por la cancelación del vuelo de Ryanair que el lunes debía haber llegado a Santiago, confirmó ayer que además de la denuncia ante la Dirección Xeral de Consumo, un nutrido grupo de gallegos ha decidido también presentar otra reclamación ante la Dirección General de Aviación Civil, dependiente del Ministerio de Fomento. «Imos facelo con moita calma e ben», aseguraba ayer esta mujer, que también adelantó que quieren quejarse formalmente del trato recibido por el Consulado de España en Roma.