Los patrones de pesca que el PPdeG quiere que comparezcan en la Cámara y a los que los grupos que sustentan el bipartito cierran las puertas lo denunciaron la semana pasada: ya no se sienten seguros en el mar. Esa desconfianza hacia un servicio de salvamento cuya eficacia hasta ahora casi nadie cuestionaba tiene un claro punto de partida: el rescate del Cordero .
En la madrugada del 15 de enero, la tardanza en la llegada de los helicópteros a la zona del naufragio -79 minutos después de que se recibiese la alerta de la radiobaliza-, el hecho de que desde la aeronave no se hiciese nada por intentar rescatar a los náufragos más que iluminar el área, y los amplios espacios de tiempo que transcurrían entre la partida de un aparato y la llegada del siguiente soliviantaron a los patrones de las embarcaciones que participaron en el rescate de las víctimas en medio de un fuerte temporal.
Las críticas arreciaron cuando se supo que el Sikorsky S-61 que habitualmente vuela como Helimer Galicia estaba siendo revisado en Noruega y que la aeronave que la sustituyó -un Dauphin NIII- era un modelo de menores prestaciones; que ese aparato, además, tuvo serios problemas que demoraron su despegue y a punto estuvieron de hacer abortar el operativo; que los helicópteros de la Xunta carecían de algunos avances técnicos por avería y que, para rematarla, el Pesca 2 tuvo que quedar parado por no tener pilotos de reemplazo.
No contribuyó a acallar las denuncias el terco silencio de Helicsa -la empresa que gestiona los helicópteros-, el mutismo absoluto de Salvamento Marítimo y el oscurantismo de Pesca, que el lunes se negó a responder a 18 preguntas del PP en el Parlamento.
Pero los supuestos errores en el rescate del Cordero podrían haberse quedado en una denuncia aislada si no fuese porque, apenas un mes después, otro hecho luctuoso volvió a poner en tela de juicio la eficacia del Salvamento: un guardia civil murió tras romperse el cable de la grúa con la que estaba siendo izado hasta el Helimer Galicia . Y la explicación de Salvamento de que una gran ola había partido el cable no convenció a casi nadie.
Si a eso se le suma el retraso en la evacuación de un tripulante del Playa Los Quebrantos por esperar por un desfibrilador que ya debía haber a bordo y el rescate frustrado de un marinero accidentado del Silure por una avería del Pesca 2, se explica por qué los patrones ya no se sienten seguros en el mar.?