Ocurrió rápido. A la una y media de la madrugada del 13 de enero de 1997 la comarca de Ferrolterra vivió un episodio que aún hoy sigue dando mucho que hablar. La plataforma Discoverer Enterprise, de 254 metros de eslora, embistió y derribó parte del puente de As Pías. Juan Antonio López Freire, operador portuario de remolcadores, fue de los primeros en ver lo sucedido. «Cuando llegamos ya estaba allí estampado», recuerda.
El Discoverer , la plataforma petrolífera más grande del mundo, fabricada y botada en la antigua Astano solo un mes antes, fue «una vela enorme», recuerda López. Impulsada por vientos de más de 80 kilómetros por hora, con picos de 140, arrancó la primera estacha que lo sujetaba a las 1.15 horas y en menos de cinco minutos volaron todas las demás.
El remolcador de guardia, el Sertosa 20 , comandado por Antonio Pérez Ardá, había llegado a la 1.00 a «todo full », recuerda López, para intentar salvar la situación. Ardá amuró su nave contra la plataforma con la idea de contenerla, pero fue imposible. «El Discoverer estuvo a punto de aplastar al remolcador contra el muelle 7», subraya López, que describe lo que sucedió aquella noche como «un fenómeno».
La plataforma se llevó por delante casi cien metros del puente de As Pías y destrozó la tubería que llevaba agua corriente a Mugardos, Ares y Fene. El tráfico en toda la comarca se colapsó. «Para llegar de Ferrol a Fene tardábamos más de 40 minutos», recuerda Juan Vigo, actual presidente de Radiotaxi Ferrol. Vigo rememora que todo el mundo se preguntaba: «¿Qué ha pasado, qué ha pasado?». Pero al disiparse la sorpresa inicial entraron «en un mar de dudas». No sabían cómo seguir haciendo su trabajo. Los taxistas buscaban atajos para llegar antes, «porque se factura más con muchos servicios que con uno largo». Hubo pérdidas, para ellos y para el sector del transporte de mercancías. Reclamaron en el juzgado, pero «todo quedó ahí, no hemos vuelto a saber de compensaciones ni nada».
Los atascos superaron los diez kilómetros en aquellos días. No solo en Ferrol, también en Neda, Fene, Narón, Pontedeume... Fue una época dorada para el tren. Se organizaron convoyes especiales de ferrocarril y bus que llegaron a utilizar más de 10.000 personas cada día. Y la ría, como en los años sesenta, volvió a llenarse de lanchas cargadas de gente, trabajadores de los astilleros sobre todo, que necesitaban cruzarla para trabajar.
López Freire, que también era el propietario de las lanchas por entonces, no se hizo millonario. La Xunta estimó que había «un problema social», fiscalizó su empresa y le pagó «unas 7.000 pesetas por hora» para que transportase gratis, «de lunes a sábado por la mañana», a cientos de personas a sus empleos. Algunos «aprovechaban también para darse un paseo y tomar los vinos por la ría».
Los efectos de la catástrofe remitieron un poco con la apertura parcial del puente el 10 de marzo de 1998, aunque los atascos kilométricos siguieron ahí. Los dos nuevos carriles prometidos tardaron en llegar y la autopista, la solución definitiva al problema, todavía más. Estuvo para el 2003, aunque estaba prevista para el 2000. Con todo, el impulso que se dio a esas obras fue la cara menos mala del Discoverer .