Abrió sus puertas hace justo diez años entre dudas. Entre los temores que generaba la apertura de un gran museo con una superficie de 24.000 metros cuadrados -de los que 11.000 son para exposición de obras de arte- en una ciudad gris, sin tradición turística y que venía de una reconversión industrial demoledora. Un decenio después, el Guggenheim ha disipado todos aquellos miedos. Y no solo porque se ha convertido en un icono a nivel mundial, sino también porque ha generado un efecto vivificador en Bilbao que ha provocado la recuperación urbanística del entorno del Nervión, otrora una fea zona portuaria dominada por las industrias pesadas.
El edificio diseñado por el arquitecto estadounidense Frank O. Gehry es actualmente orgullo de bilbaínos y vascos y, de algún modo, ha invertido una tendencia arraigada en el imaginario colectivo de la región que decía que a Bilbao se iba a trabajar, y a San Sebastián a pasear. Hoy en día, si se viaja al País Vasco casi resulta obligatorio visitar la ría del Nervión y el espectacular museo que allí se encuentra.
El Guggenheim ha recuperado el orgullo de la ciudad, algo que asegura José Luis Ávila, vicerrector de la Universidad de Deusto, pero lo ha hecho con un sólido respaldo, más allá de las dudas que despertó en sus orígenes. Y no solo porque se respetaron los criterios presupuestarios -la desviación fue mínima para una obra de esa magnitud- o porque el museo se levantó en una de las ciudades españolas con una renta per cápita más elevada, sino también porque detrás del proyecto está la Fundación Guggenheim, creada en 1973 para promover la comprensión del arte en todas sus manifestaciones (pintura, escultura, arquitectura...) y que lleva décadas organizando exposiciones internacionales que retroalimentan al edificio bilbaíno y a los otros museos de la fundación, situados en ciudades como Nueva York, Berlín, Venecia y Las Vegas.
Del éxito del edificio bilbaíno hablan a las claras las cifras. En sus diez años de vida ha recibido más de diez millones de visitantes, de los que la mitad eran extranjeros.