El proyecto del Gaiás salió a concurso sin fijar límites en el gasto de la obra


Se presentó como un asesor del entonces conselleiro de Cultura, Jesús Pérez Varela, pero tanto el PSOE como el BNG lo elevaron al rango de «autor intelectual» de la Ciudad de la Cultura. El arquitecto Alfredo Díaz Grande compareció ayer ante la comisión de investigación del Gaiás para explicar en qué consistió su labor de coordinación del concurso convocado a nivel internacional para trazar el proyecto. Y aunque en tres ocasiones se escudó en que no recordaba datos relativos a hace ocho años, su testimonio contribuyó a esclarecer que no se fijó ningún límite presupuestario para el complejo arquitectónico y que el nombre de Peter Eisenman estaba ya preseleccionado un año antes de convocar el certamen.

Díaz Grande, esposo de la diputada popular y ex conselleira Pilar Rojo, apenas consumió en su comparecencia siete de los veinte minutos de que disponía y lo hizo para resaltar que su participación en la Ciudad de la Cultura se limitó al año 1999, cuando le fue encomendada la organización del «mejor concurso» de ideas. «No me acuerdo de más, en los papeles estará», contestó Díaz Grande a los miembros de la comisión, aunque sí se extendió en leer uno a uno el currículum vitae de los doce arquitectos que tomaron parte en el concurso.

Tanto el nacionalista Carlos Aymerich como el socialista Fernández Leiceaga intentaron poner al compareciente contra las cuerdas, exhibiendo documentos que probaban su participación en el Gaiás ya en 1998 y preguntándole por el precio de sus servicios, pues en la Xunta no constan contratos o facturas al respecto. «No recuerdo las cantidades que cobré, hace ya ocho años», insistió, antes de admitir que además de coordinar el concurso internacional de ideas, también trabajó como asesor de Pérez Varela.

El popular López-Chaves intentó echarle un capote al compareciente, denunciando «trato de favor» en la comisión hacia las tesis del bipartito, pero los socios del Gobierno siguieron tirando del hilo. Aymerich exhibió una carta dirigida por Díaz Grande al ex presidente Fraga en 1998, en la que se hacía constar que los arquitectos invitados «tendrán libertad absoluta de diseño», ya que únicamente se verían «condicionados por el fin al que se destina el conjunto», pero no por la eficiencia del gasto público o por la viabilidad económico-financiera.

Es más, Leiceaga se agarró al mismo documento para remarcar que en realidad había una decisión tomada «á que se lle deu unha apariencia de concurso», pues en dicha carta de 1998 se sugiere por primera vez el nombre de Peter Eisenman y otros ocho arquitectos. Un año después, cinco de ellos fueron finalistas de un proyecto que se llevó el norteamericano.

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