Tres años bajo sospecha

Marta Vázquez Fernández
Marta Vázquez OURENSE

GALICIA

El presunto parricida vivió desde junio del 2004 arropado por sus familiares. Tenía pocos amigos y se comportaba de forma discreta y reservada; ¿ocultaba así su secreto?

16 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Un joven tímido y poco afable o un asesino frío que supo ocultar durante tres años un secreto terrible. Descubrir la verdadera personalidad de Rodrigo Barrio, a quien se acusa ahora de haber asesinado a puñaladas a sus padres y a su hermano, es todo un reto para los investigadores, pero las personas que conocen al chico parecen coincidir en que siempre ha sido una persona reservada y discreta. Quizás ese haya sido su mejor arma para alejar durante tres años unas sospechas que, finalmente, no ha podido disipar. Oficialmente, Rodrigo supo de la muerte de su familia el 8 de junio del 2004. Estaba internado en un colegio religioso de Aranda de Duero y, cuentan quienes estaban con él, que sufrió una conmoción cuando supo la noticia. En la memoria de muchos están las imágenes que, días después, protagonizó durante el entierro de su madre y su hermano. Se le veía destrozado, reclamando apoyo de unos familiares que, por ser el único superviviente de una brutal matanza, se volcaron en él. Mal estudiante Fueron pasando los meses y Rodrigo, ya instalado en la casa de una de las hermanas de su madre, en Queirugás, parecía intentar rehacer su vida. Se inscribió en el instituto Taboada Chivite y, con mas pena que gloria -sus profesores recuerdan que no era muy buen estudiante-, terminó la secundaria, aunque llevaba dos cursos de retraso. Puede que durante todo ese tiempo Rodrigo estuviese intentando seguir con pulcritud un plan, incluso un juego macabro, pensado no sólo para cometer un crimen, sino también para ocultarlo. Sea por lo que fuere, en mayo del 2006 el muchacho promovió una manifestación para reclamar que la investigación sobre el la muerte de su familia no quedase olvidada. En una carta a La Voz, publicada por esas fechas, llegó a asegurar ser víctima de una injusticia y temer que el culpable de las muertes nunca llegase a pagar por ellas. ¿También fue premeditado? Meses después de aquello, ya en septiembre, Rodrigo comenzó el Bachillerato en Ourense. Escogió la opción artística porque, al parecer, le gusta mucho dibujar. Su afición, sin embargo, no fue suficiente para engancharlo a los estudios y, según sus compañeros, faltaba a menudo a clase, a veces incluso semanas enteras. Sus notas no eran buenas aunque su detención, el pasado martes, evitó que haya podido presentarse a los exámenes finales. La velocidad Parece claro que a Rodrigo Barrio no le interesaba mucho estudiar. Escuchaba música constantemente en su MP3 y tenía contados amigos con los que tomaba café en los recreos o al salir de clase. Poco más se sabe de sus aficiones, aunque tenía un quad, además del A-6 blanco con el que se desplazaba, y le gustaba la velocidad. Pese a que quienes lo conocen prefieren ahora proteger su intimidad, los detalles sobre su comportamiento en los últimos tiempos dibujan un comportamiento retraído, puede que a propósito. «No tenía amigos y aquí apenas hacía vida, su casa estaba en Verín. Él siempre estaba con su ordenador», comenta una de las docentes de su instituto. Otros de sus profesores prefieren no comentar nada sobre su persona y esperar «a que hable la justicia». Eso sí, compañeros y docentes conocían la historia de Rodrigo. Sabían lo que le pasó a su familia pero nunca imaginaron que aquel chico huérfano pudiera ser, como se sospecha, un asesino que dormía bajo su mismo techo.