El yoyó de Villar Mir

Lois Blanco | lois.blanco@lavoz.es

GALICIA

JOSÉ MANUEL CASAL

HAY personas que nunca querrías que se cruzasen en tu camino. Algo así les ha ocurrido a muchos desde que el trazado del AVE se topó con una mina de Villar Mir, un multimillonario madrileño dotado para comprar empresas en quiebra y propietario, en Galicia, de los tubos que se tragaron la cascada del Ézaro, de Ferroatlántica y de la concesión temporal para explotar la mejor mina de cuarzo de Europa, la de Serrabal. Al interponerse en el camino del AVE, el antiguo compañero de Fraga en el Gobierno de Arias Navarro ha retratado con precisión fotográfica a Magdalena Álvarez, José Blanco, Touriño, Núñez Feijoo o a los sindicatos de sus empresas en Galicia, que no han dudado en sacar las pancartas para defender sus puestos de trabajo y, a la vez, apoyar al patrón en su pulso. La ministra encontró en Villar Mir la disculpa que necesitaba para retrasar hasta no se sabe cuándo el AVE Santiago-Ourense. Las indemnizaciones estratosféricas solicitadas hace dos años a cuento del lucro cesante sirvieron para enterrar en un cajón del ministerio el proyecto del tramo que discurre por Vedra y Boqueixón, y atraviesa una veta del cuarzo de Serrabal. El anterior tramo al de la mina lo construirá, precisamente, una empresa de Villar Mir. De Pepe Blanco queda el recuerdo de aquella frase lapidaria en precampaña de las autonómicas: «Vamos a proceder a la expropiación o al cambio de trazado para que un pelotazo que planificó el Gobierno de Aznar no lo paguen los gallegos». Ya llovió y nada se sabe, salvo que todos siguen a vueltas con la mina para arriba y para abajo como un yoyó. El envite del empresario hace sospechar, además, que Touriño no goza en Madrid de la capacidad de influencia que le gustaría para encauzar un conflicto que le crispa. Feijoo, mientras tanto, ha cambiado de bando a la vez que pasaba del gobierno a la oposición. Ha dejado de respaldar el trazado por la cantera que aprobó y adjudicó su amigo Cascos para reivindicar otro alternativo que evite la hipotética destrucción de puestos de trabajo. Del Serrabal se extrae el mineral para la fabricación de los paneles solares, cuya demanda tendrá a corto plazo un crecimiento exponencial por la obligación legal de instalarlos en todas las casas que se levantan en España. Es una mina con un futuro que un perro de presa experto en gangas nunca soltará por las buenas. Del conflicto lo que se extrae por ahora es la sensación, una vez más, de que el poder económico, cuando es grande, es capaz de moldear al poder político hasta conciliar los intereses de ambos. Como si el yoyó del Serrabal lo tuviese atado al dedo Villar Mir y los demás diesen vueltas a su antojo, cuando debería ser al revés.