EL DEPORTIVO nació en abril de 1906, vinculado al gimnasio Sala Calvet, situado en el corazón de A Coruña, en la calle de la Galera. Con cien años de historia a sus espaldas, es una institución que enorgullece a todos los coruñeses y a miles de gallegos afincados en cualquier extremo del mundo, les guste o no el fútbol. El Deportivo existió antes de la llegada de Lendoiro en 1988, pues ya había disputado 21 temporadas en Primera y había sido subcampeón de Liga. Y seguirá existiendo cuando el hoy presidente deje paso, porque el calado popular y el simbolismo de los colores blanquiazules perdurarán más allá de la encrucijada en que ha metido a la sociedad su actual gestor. El Deportivo es el club de Luis Suárez, de Amancio, de Fran, de Arsenio; pero ellos no son los propietarios del Deportivo. Lo mismo reza para el actual presidente. La Voz de Galicia es también una empresa centenaria. Como tal, ha contado en primera línea todos los éxitos, fracasos y tribulaciones del equipo. Lo hizo antes de Lendoiro, con él y lo seguirá haciendo tras él. El periódico se ha alegrado con los goles de la Orquesta Canaro y con los de Bebeto; ha celebrado los títulos y también ha sufrido con las derrotas y los descensos. Precisamente por eso, La Voz no puede callar ante actuaciones que perjudican al club y que hasta pueden comprometer su existencia. El consejo de administración no es el Deportivo y el sentimiento deportivista no es un monopolio suyo. A raíz de que el periódico publicase en enero del 2003 una información sobre el montante de lo que había ganado Lendoiro de las arcas del club, el presidente prohibió la entrada al estadio municipal de Riazor a los redactores y fotógrafos de La Voz de Galicia. El periódico hubo de recurrir al amparo de los tribunales para poder seguir dando cobertura al Deportivo, tal y como siempre ha hecho y hará. Varias sentencias protegieron el derecho a informar y obligaron al presidente blanquiazul a retirar una medida que conculcaba principios democráticos y constitucionales básicos. Del mismo modo que ha relatado los buenos momentos, La Voz se hace ahora eco de la grave crisis económica e institucional del club. No contar cómo se está gestionando el Deportivo supondría escamotear una información que todos los seguidores y accionistas tienen derecho a conocer. La crítica se ha ejercido con datos contrastables y siempre desde el respeto. La respuesta ha sido una campaña de insultos, difamaciones y amenazas contra los periodistas de La Voz a través de una publicación impulsada por Lendoiro y con sede en los bajos municipales de Riazor, recinto cedido gratis al club por el Ayuntamiento. En 1988 el Deportivo debía 500 millones de pesetas. El Plan de Saneamiento del Estado y el esfuerzo de millares de accionistas anónimos permitieron poner a cero la deuda. Con la apertura del mercado de las televisiones, los clubes modestos percibieron un dinero inédito y se volvieron competitivos en la cancha. El Deportivo se benefició de ese fenómeno y en una primera fase supo aprovecharlo. Con fichajes certeros y entrenadores sensatos llegaron los títulos. Pero es que el gasto se disparó. Lendoiro asumió préstamos bancarios imposibles de afrontar con los ingresos que genera el club e inició un carrusel de fichajes, pagando cantidades disparatadas y multimillonarias por medianías. La deuda pasó de 500 millones de pesetas a los 24.000 de hoy. La respuesta del responsable del pasivo fue otorgarse como sueldo el 1% del presupuesto -no de los beneficios- y vincular al Deportivo a tres de sus hijos y a familiares políticos. El consejo de administración es fuente constante de refriegas, que han mancillado la imagen de un equipo que era entrañable en toda España. Los juicios por impagos se suceden. Todas las propiedades están embargadas por Hacienda. Los mejores jugadores se marchan humillados por la puerta de atrás. Lendoiro es el único presidente veterano de Primera que no ha dado el relevo. Tras 19 años, muchos deportivistas creen que más que una solución constituye ya el problema. Las ideas están agotadas y el tono iracundo de la directiva le ha cerrado puertas claves. El Deportivo celebra el martes una importante asamblea, que brinda a los accionistas la ocasión de pedir aclaraciones económicas y un cambio de rumbo. Si al Deportivo le tienen que pagar antes de que acabe este mes 118 millones de euros, tal y como sostienen los balances que firma el auditor del club, el problema económico estaría casi encarrilado. Por el contrario, si el presidente no aclara quiénes son esos deudores podría destaparse un grave engaño contable, con consecuencias legales muy trascendentes. La asamblea invita a unir esfuerzos, virar el rumbo y lograr entre todos lo que está en juego, que es salvar al Deportivo.