Está en Melgaço, localidad fronteriza con Arbo.
09 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.MELGAÇO, localidad fronteriza con Arbo, en Pontevedra, acaba de inaugurar un museo sobre el contrabando y la emigración, dos fenómenos sociales y económicos que determinaron la historia moderna de las dos riberas del Miño, pero sobre los que aún pesaba un secretismo que ahora ve la luz. Personas de todas las edades, sexos y parroquias, sin límite de edad ni categoría social, se dedicaron durante décadas al contrabando. Era un juego constante de disimulo e ingenio en el que todo tenía un precio y se podía intercambiar, hasta la vida. Los ribereños atravesaban el río o la raia seca por puntos conocidos, a pie, en batel (la embarcación propia del Miño), en mula o coche. Incluso el tren llegó a parar para cargar y descargar. Cualquier artimaña valía para despistar a los guardias y transportar café, oro, plata, cobre, marisco, ganado, chocolate o camiones en piezas. Otros buscaban suerte en países lejanos, como Francia, Estados Unidos o Brasil. Melgaço inauguró el primer autobús directo hasta París mientras que, en la otra ribera, en Arbo o Frieira, paraba el tren con destino a Austerlitz. El museo recoge documentos originales de ese periplo tan ilegal como peligroso. Como cámaras que recrean sonidos reales de esas noches de persecución que ayudan al visitante a sentir durante algunos minutos esa desesperación. En el espacio contiguo, las músicas que fusionaron las culturas que se encontraron en el exilio, como La desfolhada portuguesa, con la que Simone representó en 1969 al país en Eurovisión. El museo ha despertado gran interés, especialmente entre los supervivientes de esa época, como Manuel Océano, que primero fue contrabandista y luego guardia fiscal. Él recuerda cómo el contrabando «era la única industria que había». Él fue uno de esos guardias que hacían la vista gorda, aunque recuerda la parte más dramática: «A muchos vecinos que perdieron la vida en el río por intentar ganarla». «La picaresca, el arte del engaño y la templanza eran la manera de sobrevivir», recuerda.