EN SU primera visita como presidente de la Xunta a Argentina, Emilio Pérez Touriño cambió, para sorpresa de los asistentes, el tradicional menú que se servía en las multitudinarias comidas que organizaba hasta hacía bien poco Manuel Fraga en el recinto ferial La Rural de Buenos Aires. La tradicional empanada gallega fue sustituida por la ensaladilla rusa y la pechuga de pollo. Un impactante documental titulado Galicia une mostró al absorto público la imagen de un avanzado país donde gallegos con batas blancas investigaban en impecables laboratorios. Mientras los siete mil comensales venidos en autobuses desde toda la provincia bonaerense aplaudían con las orejas la nueva imagen de Galicia, los analistas políticos interpretaron que el adiós a la empanada era el prólogo de un cambio muy profundo en las relaciones entre la Administración gallega y el mundo de la emigración. Más de un año después, nos encontramos en plena precampaña con el triste espectáculo de la entrega pública de unos cheques por parte de un cargo socialista a 300 emigrantes de Montevideo que lo están pasando mal. Parece que da igual cuál sea el color de quién gobierna, unos y otros repiten prácticas que a este lado del Atlántico nos hacen sentir la peor de las vergüenzas. Por cierto, ¿dónde está el embajador en misión especial para la Emigración? ¿No se le estará acumulando el trabajo?