ES CONOCIDO que Fraga era metódico incluso las noches de los recuentos electorales.
28 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Llegaba a media tarde a la sede del PP y siempre le esperaba una botella de burbon de la misma destilería. En los buenos tiempos (1995/99), el brindis era por tener a los suyos al frente de Vigo, Ourense, Lugo, Ferrol, Pontevedra, de la mitad de los municipios gallegos emergentes, como Ames o Porriño, de otra pléyade de doscientas alcaldías largas y de las cuatro diputaciones. El primer boquete a su hegemonía en Galicia lo abrieron las elecciones municipales de hace ocho años. El tirón de Aznar por aquellos tiempos fortaleció la marca del PP gallego y la caída iniciada en 1999 se mitigó en las generales y las autonómicas siguientes. Pero fueron las elecciones también municipales de hace cuatro años las que volvieron a abrir otro boquete. El pacto PSOE-BNG había conquistado en 1999 las alcaldías de varias ciudades, y en el 2003 la corriente se trasladó a los concellos medianos y dinámicos de la franja atlántica y la Mariña. Las municipales que se celebrarán dentro de cuatro domingos no van a cerrar las brechas del partido que capitalizó el poder durante tantos años. Tantos que los jóvenes que se estrenarán como gallegos con derecho a voto en mayo nacieron el mismo año que Fraga llegó a la Xunta (1989). La encuesta que publica hoy La Voz predice que el ciclo a la baja del PP en las ciudades gallegas no cambia de signo, aunque se frena. Hace cuatro años obtuvo 72 de los 202 concejales de los ocho municipios más poblados de Galicia y la encuesta le otorga dos más a partir del 27 de mayo. Sin embargo, el éxito o el fracaso en las ciudades no se medirá en votos, sino en alcaldes o, más preciso, en alcaldesas. Donde el PP no gobierna, no accede al gobierno. Donde lo ejerce, o tiene imposible mantenerlo (Ferrol) o la decisión depende de unos votantes indecisos (Vigo y Ourense) que deben decantar su voto en un entorno favorable para el PSOE. Tan favorable que la encuesta coloca a los socialistas por encima del PP en número de concejales en los ocho municipios más urbanos, 75 frente a 74. Ganarían respecto al 2003 casi los mismos que perdería el BNG; media decena. Aunque las tendencias son secundarias en la noche electoral. Lo interesante para cada uno de los gallegos será saber el nombre de su alcalde. Lo trascendente en la política autonómica será resolver si Vigo cae para Porro o para Caballero, y cuál de los tres candidatos obtiene la alcaldía de Ourense. Por reñida la disputa e incierto el resultado, las dos ciudades del sur coparán los esfuerzos de los partidos en la campaña. El papel asignado al PP es el de resistir allí donde gobierna, ya que ninguna de las grandes alcaldías en manos de regidores del PSOE o del BNG -solos o en coalición- está amenaza por la ofensiva del partido tiempo atrás hegemónico. Si las encuestas de las municipales del 2007 en las ciudades fueran una bola de cristal, dentro habría una rosa roja. Quizá sin tantos pétalos como les gustaría a Touriño y Pepe Blanco.