Los tres arrollados por un tren en un paso a nivel en Valga eran obreros de la construcción Los vecinos sostienen que el sistema llevaba más de dos semanas funcionando mal
25 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.El esclarecimiento del accidente ferroviario que en la mañana de ayer segó la vida de tres trabajadores en Valga está a expensas de versiones contradictorias. La oficial, la del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF), dependiente del Ministerio de Fomento, es que las instalaciones de seguridad funcionaron correctamente. La de los vecinos y los testigos presenciales, que las vallas de protección estaban subidas cuando pasó el tren y que llevaban quince días funcionando mal. El segundo accidente ferroviario más grave en los últimos veinte años en Galicia tuvo lugar sobre la una de la tarde, cuando el tren que realiza el recorrido desde Vigo hasta A Coruña arrolló un vehículo a la altura de Valga, en el kilómetro 66/722 de la línea férrea Redondela-A Coruña, en un paso a nivel con semibarrera. Según testigos presenciales, varios coches esperaban en el paso a nivel para cruzar la vía. Las barreras estaban inicialmente cerradas, pero luego se levantaron. Tres coches llegaron a pasar en dirección a la parroquia de Campaña, pero cuando lo iba a hacer el cuarto, en sentido contrario, se acercó el tren y se lo llevó por delante. El impacto fue tal que el motor del turismo salió disparado y quedó tirado en una finca cercana, y el convoy arrastró el vehículo unos quinientos metros. El maquinista se bajó al momento y se acercó al coche junto con algunos pasajeros del tren y testigos del suceso, pero ya no fueron capaces de abrir las puertas del amasijo de hierros en que se había convertido el automóvil. Cuando un poco más tarde llegaron los equipos de socorro, ya nada pudieron hacer por salvar la vida de las tres víctimas, que perecieron en el acto. Los muertos son Jesús Martínez Senín, de 54 años, su hijo Roberto Martínez Ríos, de 28, y José García Bejo, de 47 años, que al parecer era el que conducía el coche. Los tres eran vecinos de la parroquia de Setecoros, también en Valga, y regresaban a casa a comer tras una jornada de trabajo en una vivienda unifamiliar que estaban construyendo en Campaña. Todos los días, para ir y volver del trabajo, tenían que cruzar el paso a nivel, como la mayoría de los vecinos de la parroquia. Los pasajeros del tren, unas cincuenta personas, fueron trasladados en un autobús hasta Santiago, y el tráfico ferroviario quedó cortado durante unas horas, hasta que sobre las cuatro de la tarde se ordenó el levantamiento de los cadáveres, que fueron trasladados al Instituto Anatómico Forense para realizarles la autopsia. Las causas La versión que los testigos presenciales dieron del accidente difiere por completo de la ofrecida por ADIF, que ayer aseguró en un comunicado que cuando se produjo el siniestro «las semibarreras automáticas se encontraban bajadas, y todos los sistemas de seguridad funcionaban correctamente». La empresa que gestiona las infraestructuras ferroviarias se basa en el testimonio del maquinista, que aseguró que unos 1.500 metros antes de llegar al lugar recibió la señal del sensor que le advertía que las barreras estaban bajadas. Los testigos coinciden en ese aspecto, pero puntualizan que justo antes de que el tren llegara al paso a nivel, las barreras se abrieron y los vehículos pudieron pasar. La vía ferroviaria no tardó en llenarse de testigos y curiosos. La mayoría eran vecinos de la parroquia que aseguraban, enfurecidos, que las señales de los pasos a nivel llevaban días funcionando mal, y que se subían y se bajaban a su antojo. «Sobre todo cando hai tormenta non funcionan», repetían todos ellos. En el punto del accidente las barreras quedaron levantadas hasta que por la tarde se restableció el tráfico ferroviario. Técnicos de ADIF recorrían entonces todos los pasos a nivel de la parroquia para asegurarse de que las barreras funcionaban correctamente.