EL CASO DE la agresión del jugador del Deportivo Taborda a un periodista se está convirtiendo en un paradigma del disparate que vive actualmente el fútbol. Primero fue el intolerable ataque de un futbolista a un reportero como venganza por una crítica. Después, el silencio del club que todavía no se ha disculpado con el agredido y ni siquiera se ha dirigido a él de una forma institucional. Pero lo de ayer fue todo un esperpento. Primero, porque el abogado del uruguayo fue un consejero del Deportivo, lo que es todo un símbolo de lo que piensa el club en este asunto. Segundo, porque el defensor, de alguna manera, intentó establecer una relación causa-efecto entre los artículos del periodista y el desagradable incidente. Y tercero, porque en el colmo de los colmos, el letrado se permitió dudar de la imparcialidad del juez y se mostró partidario de que los periodistas abandonaran la sala porque ejercían una mala influencia sobre el magistrado. Afortunadamente, el juez de Betanzos estuvo en su sitio. Si por algunos fuera, no existirían los periodistas; pero tampoco los jueces, ni los fiscales, ni el estado de derecho. Sólo la selva. Nada más que la selva. Y ya metidos en ella, todos colgados de los árboles y saltando de rama en rama, cantaríamos los goles de Taborda en la Liga de las Estrellas... Salvajes.