El juez envió a prisión al agresor de Parga tras atribuirle cinco delitos

La Voz X. C. | LUGO

GALICIA

Francisco Montes volvió a decir que cuando disparó a los guardias estaba totalmente ofuscado El acusado podría tener que enfrentarse a una pena próxima a los diez años de cárcel

17 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

La titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Vilalba decretó la prisión para Francisco José Montes Vázquez, de 38 años, el hombre que el pasado jueves efectuó once disparos contra su madre y dos guardias civiles en el barrio de O Buxío, a menos de un kilómetro del centro de Parga, en el municipio lucense de Guitiriz. Según informaron fuentes judiciales, la jueza le atribuyó hasta un total de cinco delitos. La decisión de encarcelar a este hombre causó un gran alivio tanto a su madre como a su hermana, que siguieron temerosas los acontecimientos. Consideraban que sus vidas estaban en peligro si el detenido era puesto en libertad. Temían que pudiera conseguir ésta pagando una fianza que, al parecer, podía afrontar porque tenía dinero en varias cartillas, ya que es una persona muy ahorradora. Francisco llegó en un furgón de la Guardia Civil al juzgado vilalbés en torno a las diez de la mañana procedente del cuartel de Lugo, en cuyos calabozos pasó casi 48 horas. Le aguardaban numerosos reporteros gráficos y cámaras de televisión. Aunque lo metieron por la puerta de atrás del edificio, no llegó a taparse la cara en un primer momento. Con la cabeza baja, no hizo ningún caso a la lluvia de disparos de las cámaras fotográficas. Mostró en todo momento una aparente serenidad, al igual que sucedió el día de los hechos, cuando cargó en seis ocasiones la escopeta con la que realizó los disparos. Tras esperar algún tiempo, prestó declaración ante la jueza, la fiscala y también su abogado. Lo atendió un letrado vilalbés de oficio que, curiosamente, ya había representado a la familia en algún litigio. El abogado rehusó hacer declaraciones en relación con el contenido de la declaración. Sin embargo, algunas fuentes expresaron que Francisco José Montes mantuvo básicamente lo manifestado en la comandancia de la Guardia Civil de Lugo. Expresó que estaba totalmente ofuscado cuando efectuó los disparos y que no sabía lo que hacía. Quizás ya estaba pensando en su posterior defensa en el juicio, en el que podría alegar arrebato e incluso algún problema psicológico. Hace unos veinte años estuvo a tratamiento, según algunas fuentes, entre otras razones, debido a la muerte de su padre. Fuentes jurídicas consultadas ayer expresaron que Francisco José podría tener que enfrentarse a penas próximas a los diez años de cárcel como consecuencia de los cinco delitos que se le imputan. Son dos tentativas de homicidio y, además, los delitos de atentado a la autoridad, maltrato habitual y otro de maltrato. Sólo por el atentado a los agentes, el fiscal podría pedirle un mínimo de dos años y un máximo de cuatro. En cuanto a las tentativas de homicidio, el Código Penal establece que la pena a imponer será inferior en uno o dos grados a la señalada para el delito consumado, que oscila entre los diez y los quince años. Los heridos Los heridos evolucionan favorablemente, aunque la madre del detenido, María Antonia Vázquez, sigue teniendo alojada la munición en su brazo izquierdo y, posiblemente, detrás de una oreja. Hasta mañana es posible que los médicos que la atiendan no adopten una decisión al respecto. La mujer se encuentra ingresada en una habitación de la primera planta del hospital Polusa, donde recibió diversas visitas, entre ellas la de su hija. El guardia civil Manuel Hermida Bouza, de 32 años, continúa en el Hospital Juan Canalejo. Los servicios médicos, según explicaron ayer diversas fuentes, tuvieron que reconstruirle una parte del colon debido a los impactos de metralla que le llegaron también a un brazo, donde fue preciso practicarle cirugía reparadora porque, al parecer, había perdido algo de músculo. Manuel Hermida Bouza llevaba menos de un año en el cuartel de Guitiriz, al que se había incorporado después de pasar unos años en Aragón, donde ejerció como agente del destacamento de Tráfico.