La niebla los desorientó a más de 800 metros de altura en una sierra de Entrimo Tras una madrugada de frío y viento, lograron bajar de la montaña por su pie
28 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.Sanos y salvos, pero, eso sí, agotados. Así regresaron a casa a primera hora de la mañana de ayer Juan Carlos Rodríguez y Xabier López, después de haber pasado toda la noche desorientados por culpa de la niebla en Serra de Queguas, en el municipio ourensano de Entrimo. Juan Carlos, de 45 años, es funcionario del Concello de Entrimo, y Xabier, de poco más de 30 años, reorganiza el archivo municipal. El primero tiene gran experiencia como caminante por las montañas de su municipio y comarca, la Baixa Limia, en pleno parque natural del Xurés. Al acabar la jornada laboral del martes, Juan Carlos quiso enseñar la Serra de Queguas a su compañero de trabajo, que no es de aquella zona. Se trata de una ruta del parque natural, que permite ver las cortes de Carballeira reconstruidas con los materiales típicos de su época; el impresionante dolmen Casa da Moura y las Penas de Anamán en un recorrido de unos 10 kilómetros. Subieron más allá de la señalización turística. Juan Carlos enseñó a su compañero las cortes, curiosos edificios, algunos de los cuales están siendo rehabilitados. Luego le mostró el dolmen. Llevaban una hora de recorrido. Aún siguieron subiendo, había buena luz en una tarde soleada, para contemplar la Pena de Anamán, a unos mil metros de altitud. Casi sin darse cuenta se vieron atrapados en una espesa niebla. Intentaron regresar, pero ya no fueron capaces. Todo era en vano. A la niebla se le sumaba la noche. Pasaron mucho frío por el fuerte viento y la lluvia que cayó desde las diez de la noche hasta las cinco de la madrugada. No tenían linterna, sí mechero, pero no se atrevieron a hacer fuego ante el viento y el temor a quemar la sierra. El móvil de Juan Carlos estaba sin batería y el de Xabier, sin saldo, pero aún pudo hacer una llamada de emergencia a su novia. En Entrimo hubo movilización vecinal, de la Guardia Civil y de Protección Civil. Nadie pudo subir a la cima de la montaña. Los dos protagonistas no durmieron por el frío, hicieron ejercicio e iniciaron el descenso con la primera luz del miércoles, las ocho de la mañana, para llegar hasta el automóvil muertos de frío y de cansancio una hora después.