Con el nitrógeno en las manos

La Voz S. GARRIDO

GALICIA

Jesusa, vecina de Berdillo (Carballo), maneja con soltura abonos similares a los que transporta el barco holandés.

20 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

EN LA huerta gallega, en la leira pequeña situada tras una casa cualquiera de la zona rural, lo más parecido a priori que puede haber con el Ostedijk es una onomatopeya del crujir de un coleiro seco. Pues no: hay mucho más. En las bodegas del barco holandés fermentan abonos con mezcla de nitrógeno, fósforo y potasio en proporciones del 15% que cualquier labrador identifica al instante con el 15-15-15. O con el 7-15. O con el viejo nitramón. No hay agricultor que no haya cargado sacos y sacos de este químico granulado. Del almacén al tractor, y de ahí a casa. No hay labrego que no lo haya vaciado en cubos grandes y esparcido con sus manos por la tierra, como complemento del estiércol, para dar vida a la huerta: a las patatas, las coles, la lechuga. A las berzas, por ejemplo: primero el surco, después el estiércol de vaca, cerdo u oveja; a continuación el 15-15 (abreviatura habitual en las conversaciones del 15-15-15) y finalmente la mesa o cubierta de tierra con el trullo. Hay otras maneras, según el maestrillo. Como las de Jesusa Capelet, septuagenaria, vecina de Casas Novas (Berdillo, Carballo), quien esta misma semana aplicaba su 7-15, casi como el del barco, en su huerto de patatas. De otro modo, cubriendo la tierra final, para dar nitrógeno al tubérculo. Con las manos libres, sin protección, sin importar ese fino polvillo que se desprende de cada movimiento. Y antes alejado de la lareira, ya puestos. También está lo industrial, en tractores, unos 400 kilos por hectárea para el maíz. Con lo que lleva la barriga del Ostadejk habría para un tercio del maíz forrajero gallego actual, dice Juan Castro Insua, del centro de investigaciones de Mabegondo. Y, si se vierte, para medrar hermosas praderas submarinas.