Las diputadas del PP, López Besteiro y López Abella, sorprendieron al hemiciclo al vestirse de rojo.
14 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.EN LA antigua China es el color de las bodas y en Occidente se utiliza para vestir a los cardenales. Pero en política el rojo es una bandera identitaria de la izquierda, y en eso apenas existen grandes diferencias en el mundo, salvo que se tome buena nota de la peculiar excepción de Galicia. Lo cierto es que ayer, que se conmemoraba el San Valentín o día de los enamorados, según los gustos, el rojo irrumpió con derroche en el pleno del Parlamento gallego, pero sobre todo lo hizo en los escaños del Partido Popular. Diputadas lucenses como Manuela López Besteiro o Susana López Abella lucieron este color de pies a cabeza, mientras Jaime Castiñeira, Xosé Manuel Barreiro, José Manuel Baltar, Alberto Núñez Feijoo o José Manuel Balseiro exhibieron corbatas en distintas tonos colorados, al igual que hizo, desde el polo opuesto, el socialista Ismael Rego. Pero quizás el primer premio, en justicia, se lo merecería el ex alcalde de Vilalba, Agustín Baamonde, por la sensación causada con su camisa bermellona. Los diputados populares aseguran que no hubo ningún tipo de complot para encenderse el rojo, sino que todo obedeció a una simple casualidad. El propio Baamonde lo explicó de este modo: «Isto non significa que nos pasásemos ao outro bando ou que nos botásemos a perder porque se vai Cacharro, non. O que pasa é que hai que ser camaleónicos», sentenció.