Los afectados por la central térmica continuarán las movilizaciones iniciadas con la retención de tres técnicos para protestar por la carbonilla que mancha sus casas
03 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.?i hace treinta años fueron los vecinos del pueblo de As Encrobas -con el sacerdote Moncho Valcarce a la cabeza- los que se enfrentaron a Unión Fenosa por las expropiaciones de sus casas y sus tierras para ampliar la mina de Meirama, ahora han sido los habitantes de A Lousa, otra aldea de la misma parroquia cercedense, los que han decidido movilizarse para protestar por los perjuicios que para su vida diaria suponen los transportes y depósitos de carbón que alimentan la cercana central térmica. Hartos de los incumplimientos por parte de Limeisa -la filial de la compañía eléctrica que explota el complejo-, algunos de los afectados retuvieron el viernes durante varias horas a tres trabajadores intentando forzar así una entrevista con responsables de la empresa. A continuación cortaron el tráfico de camiones hasta primeras horas de la noche, ante la negativa de Ángel Regueira, mediador nombrado tiempo atrás por la compañía, a reunirse con ellos pese a la intervención de la Guardia Civil. Tras esos momentos de tensión, en los que los nervios fueron aplacados a base de chorizos asados, también para las tres personas retenidas, ayer se vivió una jornada tranquila en A Lousa, sólo alterada por una asamblea vecinal, que continuaba al cierre de esta edición, convocada por los los afectados para estudiar nuevas medidas de presión. Los restos del carbón que el viento arrastra desde el depósito y la escollera de Meirama, y los que desprenden los camiones cubriendo periódicamente las casas y huertas próximas son el factor desencadenante de un conflicto que se viene mascando desde hace décadas y que, aunque parecía haber sido resuelto en el 2003 con la firma del acuerdo por el que la empresa se comprometía a reparar los daños, amenaza con prolongarse en el tiempo. Los vecinos denuncian que, en la práctica, ese compromiso se ha quedado reducido a enviar a un limpiacristales cada vez que presentan una reclamación. Así lo reiteraron ayer en el transcurso de la asamblea en la que una veintena de ellos decidieron que, tras años de protestas en vano, es el momento de no echarse atrás y protestar hasta que sus demandas sean atendidas: «O do venres -explicaba Juan Castro- non foi premeditado, aínda que xa tiñamos avisado a Regueira moitas veces de que iamos tomar medidas, pero agora que empezamos, estamos decididos a chegar ata o final». La constitución de una asociación vecinal fue la primera medida acordada ayer por los afectados, que están decididos a «facer as cousas ben», pero que no renuncian a realizar nuevas movilizaciones si fracasa la vía del diálogo. «O próximo martes iremos á delegación de Medio Ambiente para expresarlles as nosas queixas e pedir a súa mediación», afirmaron en plena reunión, aunque sin demasiadas esperanzas de de alcanzar un acuerdo rápido, y tras explicar que pedirán a la empresa que cambie a su interlocutor para intentar un acercamiento. Desde Limeisa, por su parte, optaron ayer por guardar silencio hasta el lunes.