Fraga, en un altar de Murcia

GALICIA

B. ANTÓN

El retablo recoge el momento en el que Fraga entrega un manto de la Virgen al párroco de Aledo

15 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

SI UNO se da un paseo por Aledo, un pueblo murciano con torreón de época árabe y no más de mil habitantes, podría pensar que sus calles vieron nacer al mismísimo Fraga. Sí, sí, a don Manuel. Antes de llegar, una pintada proclama que todos los políticos son corruptos... Menos Fraga, claro. Al llegar al pueblo, segunda sorpresa. ¿Cómo se llama la avenida principal? Pues sí: Fraga Iribarne. Pero el bombazo está aún por llegar. Aguarda en la iglesia de Santa María La Real. Tras pasar por delante de tallas de vírgenes y santos, la vista se topa con lo inimaginable. Allí en lo alto, en el retablo policromado del altar, se alza un rejuvenecido Fraga entregando un manto al párroco de la iglesia. ¿De verdad es ése el ex presidente de la Xunta? Don Francisco, sacristán desde hace más de cuarenta años, tiene la respuesta. «No se parece na de na , pero sí, es él», confirma. Y, a pesar de que ya ha contado la historia más de mil veces, no le importa repetirla. En los sesenta, cuando fue ministro, Fraga regó Aledo con una lluvia de pesetas para arreglar sus calles y hacer viviendas. Además, visitó el pueblo el día de la coronación de la Virgen y le entregó al párroco un manto para adornarla. Agradecido, el cura decidió inmortalizar aquel momento: mandó hacer el retablo y, desde entonces, Fraga mira a todos los vecinos en cada misa. Pero todo podría cambiar. Según el sacristán, el pueblo no quiere que el senador siga allí. «Un político no debe estar en un altar», dice. Otro vecino cuenta que el cura tiene previsto retirar el retablo. Pero en el Ayuntamiento no saben nada. «Aquí no hemos recibido ningún pronunciamiento, ni a favor ni en contra, pero, llegado el caso, podríamos ceder un espacio en el museo para el retablo», declara el teniente de alcalde (por cierto, del PP). El párroco no contesta. Quién sabe lo que pasará...