Un susto muy rentable

Ana María Ríos tiene 26 años, es peluquera y el pasado verano nadie la conocía.


Hoy es portada de Interviú, tiene una biografía y la contratan programas rosa como Dolce Vita. Todo vale «para pagar la hipoteca y al abogado» que la sacó de una prisión mexicana.Lo curioso de esta historia es que el protagonista podría haber sido usted, un tipo normal que se ve inmerso en una pesadilla en la cárcel de Cancún. Pero muy pocos habrían batido récords de audiencia como ella. El culebrón de Ana María Ríos empezó por un lío legal. En su luna de miel en la Riviera Maya, los guardias de aduanas del aeropuerto hallaron balas y explosivos en su maleta. Ella tuvo que poner dinero para demostrar su inocencia y salir de la cárcel porque la embajada de España no paga a los abogados. Sencillamente, el turista está vendido a menos que, antes de partir, contrate un seguro. ¿Por qué no llevaba Ana María Ríos, la turista encarcelada en Cancún, un seguro? Ella lo explicó hace unos meses: el día del banquete de bodas le salió un flemón en la boca y tuvo que cancelar el viaje. La primera vez tenía seguro. En el segundo, una semana después, contrató el más básico. Tras pasar una semana en una prisión de Cancún, Ana María Ríos y su marido regresaron a España con una factura que el matrimonio cifra en 30.000 euros. Los gastos proceden de los trámites para demostrar su inocencia, algo impensable en España pues es el fiscal quien debe probar la culpabilidad. Según relata ella misma, pagó dinero al laboratorio policial que realizó la prueba de las huellas dactilares. Gracias a ese desembolso, el análisis de los casquillos demostró que ella no los había tocado. ¿Qué será allí de los inocentes sin dinero?A Galicia llegaron las fotos de una joven esposada, casi anoréxica y envuelta en lágrimas, lo que despertó las simpatías de sus paisanos. Esta vez la gallega no era una emigrante sino una turista. Su drama le podía haber pasado a cualquiera. Sus vecinos de Arcade incluso salieron a la calle para exigir a México su libertad. El 22 de octubre, Ana María Ríos estaba libre pero cuando se bajó del avión en Santiago arrastraba una losa con deudas. El cautiverio la había convertido en una celebridad y fue entrevistada por Ana Rosa Quintana. «La elegí porque sus invitados van gratis», afirmó. A esas alturas, muchos conocidos la animaban para que aceptase jugosas ofertas de televisión, que no eran tanto, o incluso posar. «No seas tonta y aprovecha la fama», le dijeron los mismos que ahora la critican.En el otoño, apenas pasó por la peluquería que regenta con su hermana Pamela. Dos meses después, el juez archivó su caso. Ana María Ríos ya había gozado de sus quince minutos de gloria que prometía Andy Warhol a cada ciudadano. Pero el culebrón no había hecho más que empezar. Con las manos libres, la joven ya tenía vía libre para hablar y contar su odisea. Incluso, por las noches, escribía un pequeño cuento sobre su estancia en la cárcel con la idea de que alguna editorial se interesase por él. Los sueños, propios de un ciudadano anónimo, empezaron a cumplirse. La editorial Biblos publicará la próxima semana la biografía de la peluquera de Arcade, basada en las notas que tomó la periodista María José Lorenzo en una entrevista en la que hablaron largo y tendido sobre su vida en Canicouva, el bachillerato en Pontevedra o de sus peores días en la Riviera Maya.Además, cumplió otro de sus sueños: ser chica portada de Interviú. Su madre y el marido la apoyaron. Pero decepcionó a muchos vecinos de Arcade. La chica inocente detenida en Cancún se aprovechaba de su desdicha para vender su toples. Las mariscadoras de la villa, en tono jocoso, se ofrecieron a posar para un calendario erótico «se nos dan un bo cheque». Ana María se adelantó a las acusaciones en su crónica en Interviú: «¿Los que me critican me van a pagar la hipoteca?». Pero lo que ni ella contaba es que sus fotos batiesen récords de visitas en las principales páginas webs del país. Era innegable que Ana María era un filón, un producto vendible.Cuando los periodistas locales telefonearon al móvil de su amiga de Arcade para entrevistarla se llevaron un chasco. Ya no cogía el teléfono, había desaparecido de viaje y contratado a una representante, Edith Pérez. Ésta surte de personajes a los programas del corazón. Las ofertas le llovían sobre la agenda. El programa Dolce Vita, de Telecinco, fue el primero que logró la exclusiva para que Ana María Ríos explicase las razones de su desnudo. «Ella sabe por qué lo hizo; por deudas», insisten Edith y su marido Marcos Dasilva, que ahora trabaja de camionero.Uno se pregunta si la verdadera ambición de Ana María Ríos es aprovechar esa fama inesperada y saltar a la televisión como tertuliana. Se trata de un personaje querido por el público y polémico. Su mánager Edith le ve futuro en el mundo rosa: «Tiene aptitudes para triunfar. Es inteligente, guapa, elegante, sabe estar y, lo más importante, es educada y tiene una buena historia que contar». ¿Será flor de un día?

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