LOS BANCOS marisqueros están bajo mínimos. Y los precios, en máximos. Con la Navidad a la vuelta de unos días, hay que volver la vista al verano. De aquellos incendios vinieron las riadas; y con las torrenteras, los lodos que matan el marisco. La ecuación no falla: el daño ecológico se traduce en daño económico. El fuego se comió toneladas de madera y se llevó por delante parte del pulmón que absorbe el dióxido de carbono que escupimos. Con el suelo sin sustrato, el monte no fue capaz de retener las cenizas, que tiñeron de nuevo muchas playas. Un zarpazo ambiental que sigue anotando pérdidas: primero en el sector forestal, después las de los damnificados por las inundaciones y ahora las de los mariscadores. Se veía venir, pero más fácil que prevenir es echar la culpa a la Guardia Civil.