Dictada una condena ejemplar por un edificio del 2000 en «ruina funcional»

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA

GALICIA

Constructor y arquitecto fueron denunciados por una comunidad de propietarios de Vilagarcía Los vecinos carecen de ascensor, calefacción y teléfono, y apenas tienen sitio para sus coches

20 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Los jueces también parecen estar a favor de poner freno a la especulación inmobiliaria. Al menos así se desprende de una sentencia dictada por el responsable del Juzgado de Instrucción número 3 de Vilagarcía, que culpa a un constructor y a dos arquitectos de los daños de un edificio en la calle de Blanco Amor, al que el propio juez considera en «ruina funcional». La mayoría de las 14 familias propietarias adquirieron sus pisos en obra, a partir de un proyecto que nada tenía que ver con lo que luego se construyó. Hace unos seis años, tomaron posesión de sus viviendas sin saber que el arquitecto había emitido el certificado de fin de obra cuando aún no se contaba con licencia de primera ocupación. Fue la primera sorpresa desagradable que recibieron, pero no la única. Se les había vendido un edificio con ascensor, y en efecto, se dejó hueco, pero el artefacto no llegó a ser colocado. Hubo quien aseguró haberlo visto y que luego se lo llevaron por falta de pago. Seis años después, los propietarios siguen sin saber cuál es su plaza de garaje, porque se diseñaron más de las posibles y los coches no tienen espacio para maniobrar. El propio Concello de Vilagarcía se vio obligado a reducir a 15 las 27 plazas iniciales. Como no hay cuarto de telecomunicaciones, los vecinos tampoco pueden contratar telefonía fija. Viven sin calefacción y con luz de obra, porque Fenosa se niega a colocarles contadores individuales, ya que tendrían que compartir espacio con los del agua, algo que, al parecer, es ilegal. Además, en las viviendas hay grietas y humedades; las paredes son «de papel» y dejan pasar todos los ruidos de los vecinos; los trasteros no se pueden utilizar porque el agua cae por las paredes, y la planta bajo cubierta ni siquiera existe en el proyecto inicial. Juicio Todas estas deficiencias salieron a la luz en el juicio que se celebró hace unas semanas en Vilagarcía. La comunidad de propietarios demandó al promotor y constructor de la obra, Modesto Figueirido -en rebeldía, ya que no se presentó al juicio-; al arquitecto técnico, Manuel Castromil, y al redactor del proyecto, José Antonio Martín Curty, por los defectos de construcción del edificio y por no ajustarse al proyecto inicial. Se da la casualidad de que Martín Curty se vio envuelto el año pasado en otro escándalo cuando, en el centro de Vigo, se desplomó un edificio a causa de la obra de construcción de otro contiguo en cuyo proyecto trabajó también este arquitecto. El juez no dudó en dar la razón a los propietarios, basándose en el testimonio de un perito imparcial que compareció en el juicio, y condenó a los tres imputados al pago de la cantidad que la acusación había fijado. El abogado de los vecinos, Manuel Novás, valoró así la sentencia: «En estos tiempos, para unos pocos la construcción es sólo negocio; para los que compran la vivienda, es su vida; se ha impuesto la vida al negocio».