Es la menor de diez hermanos; está entre las cincuenta mejores del mundo; y apenas para por su Pontevedra natal
08 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.A los catorce echó a volar subida en una raqueta y aún no se ha bajado. Pero el éxito en la vida de Lourdes Domínguez Lino (Pontevedra, 1981) es una carrera de fondo. -¿Recuperada ya de lo de China? La serbia Jankovic se le atragantó, 6-0, 6-1... -Sí. Sabía que era un partido difícil y quizás no salí con la mentalidad de ganar. Pero tampoco me esperaba ese resultado. -Todos vemos cómo celebran los deportistas los triunfos, todo es alegría, recibimientos, pero ¿cómo se digiere la derrota? -Lo que haces es hablar con tu entrenador, analizar lo que ha pasado en la pista y nada, levantarte y volver a entrenar. -Echará más en falta la familia, su apoyo... -Está claro. Aparte yo, que ni siquiera cuando vuelvo a Barcelona [donde vive] tengo cerca a mi familia. La familia es la que siempre está a tu lado y yo no puedo disfrutar mucho de ellos. Me apoyo en mi entrenador y en la gente que sé que confía en mí. -¿Cuándo ve a los suyos? -Pues creo que estaré por Galicia unos veinte días al año ¡y no son seguidos! -Se marchó a Sant Cugat a los catorce y es la pequeña de diez hermanos. Para sus padres debe de ser como tener una hija embarcada... -Al principio, cuando me ofrecieron la beca, no sabían muy bien si dejarme ir o no. Pero era una oportunidad y veían que yo tenía ganas de probar si podía ser tenista. Si no me hubiese gustado esto, siempre habría podido volver a casa; sin embargo, la posibilidad de volver a tener una beca no era segura. Para ellos fue muy duro. -Uno de sus objetivos era el año pasado ser una de las cincuenta primeras del mundo. Va cumpliendo... -Sí, parece ser que acabaré el año así, y muy contenta por haberlo conseguido. -También decía en el 2005 que su profesión es agotadora. Pero en el sillón de casa, a veces, se percibe más el glamur que el sacrificio... -No te digo que no haya ese glamur, dinero, fama, que claro que los hay. Pero también hay mucho trabajo, muchas horas fuera de casa, muchos viajes... Cada semana un hotel diferente, un país diferente, cambios de hora, el avión... Y hay muchísima presión. -Me da la impresión de que en este mundo se conoce a mucha gente, pero se hacen pocos amigos... -Está claro. Todos sabemos los amigos que tenemos. Y prefiero que sean pocos, pero muy buenos. Además, en un mundo como el del tenis que, cuando estás arriba, todo el mundo te va detrás; pero si la cosa va mal, se olvidan. -¿Hay más codazos que en otros deportes? -Es un deporte individual y, al final, en el tenis cada uno va a la suya. Eso no me gusta, en mi casa se han jugado más deportes de equipo, pero, tristemente, es así. Te acabas adaptando a lo que hay, no va a cambiar nunca. -¿Sus padres son como los padres de la artista, que la siguen a todas partes? -No creas. Mover a mi madre de Pontevedra es casi imposible. Mi padre igual viene a dos o tres torneos al año. -¿Se pone una fecha para decir «Hasta aquí hemos llegado»? O una cantidad... -No me marco nada. Sigo jugando, las cosas me están yendo bien y seguiré trabajando con la misma ilusión. Mientras los resultados acompañen... Juego al tenis porque disfruto. ¡Aún tengo veinticinco años! -¿Y después? -No me he planteado nada, quizás algo vinculado al tenis, ayudar al tenis femenino, que está un poco olvidado. -Pero es quizás el más popular de los deportes femeninos... -Es el que más se sigue, quizás porque tuvimos a Arantxa y a Conchita que cosecharon grandes triunfos. Es un deporte que sí que tira. Tú preguntas y a la gente le gusta más ver un partido femenino que uno masculino. -Igual el culto al físico también cuenta, no sólo es por el deporte... -También. Pero a mí me parece bien que Sharapova o Kournikova se aprovechen del físico que tienen. Si yo fuese ellas, también lo haría. -¿Qué otras cosas le ocupan la cabeza? -Soy bastante casera, me gusta ver películas, viajo siempre con el ordenador para ver cine, o leo. -¿Llora? -Si hay que llorar... -¿Qué lleva en el equipaje, además del ordenador? -Una agenda en la que apunto todos los partidos y dónde estoy cada día del año y un MP3 con música. -¿A qué o a quién le daría un raquetazo? Suave, claro. -A nadie y a nada.