Los «bois» vencen a los ecologistas

Fina Ulloa
Fina Ulloa OURENSE

GALICIA

SANTI M. AMIL

Ni pancartas, ni consignas. Los vecinos disfrutaron de su tradicional fiesta bajo la supervisión de la Guardia Civil

05 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

A las seis y media de la tarde el calor en el campo de fútbol de Muíños es sofocante. El pequeño bar de la instalación no da abasto a repartir aguas, cervezas y refrescos entre el público que ya lleva un buen rato disfrutando con la carrera de burros, los esfuerzos de los mozos que intentan escalar la cucaña y el espectáculo que ofrecían varias parejas de hombres y mujeres tirando juntos de un carro. Los últimos curiosos que llegan a la puerta de la entrada son vascos. Son de Guipúzcoa, pero están de vacaciones cerca de Xinzo y se han enterado de lo de la chega de bois . No saben exactamente en qué consiste, pero todo lo que huela a toro les gusta. A las siete y media pasan dos parejas de la Guardia Civil hacia el recinto donde esperan los camiones con los bueyes. El público los ignora, salvo los nuevos, que piensan que se suspenderá la cita. Una vecina de unos ochenta años los desengaña: «Non pasa nada, veñen a comprobar os papeis». Efectivamente. Los agentes proceden a pedir la documentación de los vehículos y de los propios animales. Tras unos minutos de espera, el campo aplaude. Acaba de aparecer el primer buey. Es rubio y su estampa impresiona. Un jovencísimo pastor está a su lado y le rasca con el palo la testuz y la espalda. «Así se tranquiliza», nos dice. Poco después aparece el segundo buey. Blanco, igualmente impresionante. Los pastores los liberan y durante un buen rato ambos se miran de lejos y caminan en círculos. Finalmente, de forma inesperada, se vuelven y se enfrentan con un choque de cabezas. Al instante siguiente el blanco escapa. Criado entre bueyes «Antes aguantaban máis. Ahora os bois están satisfeitos, e aquí nunca loitan como cando están soltos. O outro día estivemos vendo a dous no monte, casi cuarenta minutos». Quien lo afirma es un parroquiano que, según cuenta, se crió entre bueyes. Llega el segundo animal que se medirá con el ganador de la anterior chega . El ritual se repite, pero en este caso la toma de fuerza está más reñida. Aun así, termina en 40 segundos. El rubio sigue mandando en el recinto. Cuando llega el cuarto buey la gente vuelve a aplaudir. Es negro y tiene la estampa de un toro de lidia. Pero tampoco él tarda mucho en huir. Mi vecino de asiento se compadece de mí -debo de tener cara de póker- y me explica que el animal que llega primero se siente con más derecho sobre el terreno que ocupa. Por eso, generalmente gana, porque lucha por defender lo que considera suyo. Exactamente igual que los vecinos de Muíños, que no están dispuestos a renunciar a incluir en sus fiestas esta tradición. Y en cuanto a los ecologistas que desde hace cinco años vienen denunciando esta actividad, también como siempre, ni se les vio.