Feliz 25 de julio

Lois Blanco, lois.blanco@lavoz.es

GALICIA

SANDRA ALONSO

EL gallego corriente no acude a recibir empujones en la ofrenda al Apóstol el 25 de julio, salvo que ostente un cargo o tenga de visita a unos extranjeros deseosos de grabar el evento.

22 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Tampoco hay datos que atestigüen que las súplicas de los oferentes en los últimos trescientos años hayan servido para que el santo intercediera con éxito en erradicar la violencia, la pobreza y las desigualdades sociales; los tres vértices de cualquier imploración a Santiago en los tiempos que corren o en los de Franco. Pero la Catedral gallega sigue siendo el segundo destino más importante de peregrinación en Europa, después de Roma. Y la onomástica de su santo, referente anual. Galicia tiene la especificidad -digna de cátedra propia- de celebrar su fiesta nacional en la misma fecha del calendario que el Apóstol festeja su santo. De momento, el Día de Galicia también es el de Santiago, patrón de España, ante el cual se presenta cada 25 de julio el jefe de Estado o nombra a un delegado regio. A la vez, la plaza de la puerta santa de la Catedral es el lugar simbólico donde el nacionalismo celebra en el santo del Apóstol su Día da Patria, que empieza concluida la ofrenda. En A Quintana, entre la fachada este de la Catedral y un convento antes benedictino y ahora de clausura. Durante la autonomía de la transición convivieron sin estridencias la celebración civil y la religiosa. De los dieciséis años de fraguismo, ¿qué decir? Fue una simbiosis. A la postre, la celebración del 25 de julio que hacía aquella Xunta era la representación perfecta del ideario político de Fraga: festejar Galicia y a la vez ser delegado regio ante el patrón de España (¡una e indisoluble!, como solía decir el ex presidente). Pero la tradición religiosa jacobea también fue una vía de penetración constante de cultura a lo largo de mil años y, con la eclosión del turismo y ahora del senderismo, es una vía de ingresos económicos trascendentales para un país con un sector primario en crisis permanente y un renqueante sector industrial. En el primer Día de Galicia del presidente Touriño, éste no le ha dado la espalda a la ofrenda apostólica, como tampoco hicieron antes otros dirigentes de su partido. Touriño será el martes delegado regio, pero a su invocación faltará un tercio de su Gobierno. El vicepresidente y los cuatro conselleiros del BNG excusaron su presencia, alegando que era un acto religioso. Depende de cómo se mire. A mí me parece igual de religioso como ver a Quintana inaugurando una residencia de la tercera edad, y al cura del pueblo, bendiciéndola hisopo en mano. Igual que la segunda da votos entre la tercera edad allí presente, la primera da pátina de radicalidad precisamente el día en el que el Bloque convoca a su gente en A Quintana. Así visto, la ausencia de un tercio de la Xunta en la ofrenda no parece que haya sido un dilema para Touriño, sino para el BNG. Entre la simbiosis política y religiosa del fraguismo con el día del Apóstol y la insumisión institucional bien pudiera existir un espacio intermedio de convivencia. La misma que aplican los conselleiros del BNG cuando apoyan y promueven el turismo jacobeo o la arquitectura religiosa. Quintana hizo hace once meses la presentación oficial de su equipo en la Xunta sobre los tejados de piedra de la catedral. En fin, feliz 25 de julio a todos.