No eran olivos ni litros de leche ni millones de euros para hacer paseos marítimos, sino seres humanos que huían del mayor drama del planeta. Pero, a las puertas del que un día fue llamado Mercado Común Europeo, fueron tratados como mercancía de segunda. El Viejo Continente es ya casi el único lugar del mundo en el que las cosas no se resuelven a tiros, para fortuna de quienes vivimos en él. Pero a veces es también la destartalada estafeta de correos del «vuelva usted mañana». El bochornoso episodio de Malta ha sido un ejemplo más. Si Europa no sirve para arreglar un problema así, que la cierren, dirán los que no creen en ella. Mientras tanto, los impagables humoristas del PP y el PSOE debatían ayer sobre la parte nuclear del conflicto: a quién se le ocurrió antes conceder una medalla a los pobres marineros que se han comido todo este marrón.