«No canto ni en la ducha»

Nacho Mirás, nacho.miras@lavoz.es

GALICIA

Dice que la calidad de las orquestas gallegas no la hay en ninguna otra parte; para poco en casa; y tiene un público fiel

16 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Si en el cartel del pueblo está la París de Noia, cuidadito. La voz de José Antonio Blas Piñón (Redondela, 1959) es uno de los ingredientes de este cóctel de sensaciones al que crítica y público califican como «a mellor orquestra de Galicia». -¡Anda! Blas es apellido... -Sí señor, en mi familia somos todos Blases. -Y casi un cuarto de siglo cantando en la orquesta... -Empecé aquí y aquí pienso morirme. -Si una comisión programa a la París de Noia, parece que hay que cuadrarse. ¿Son tan buenos o es márketing? -¡Qué va! [se ríe]. Eso lo tiene que decir el público. El secreto de que nos tengan ese cariño es que, de alguna manera, encontramos la forma de llegar a la gente. Y procuramos que el trato personal sea de tú a tú, que no nos vean como artistas. -Y la calidad... -Nadie te regala nada. Tenemos una buena banda y estamos funcionando bien. -Son un montón, a la hora de cobrar tocará a poco... -En el escenario somos nueve músicos, cuatro cantantes y un equipo técnico y de montaje de seis personas. Un mogollón, sí. En carretera somos dos tráileres, dos furgonetas y acabamos de comprar un microbús. -El verano es su fuerte ¿No descansan nunca? -Dejamos dos días libres al mes para respirar. -¿Cómo se lleva la vida ambulante? -Nuestra cruz es que no disfrutamos de la familia, por lo menos yo, que tengo mujer e hijas. En verano, cuando llego a casa parece que voy de hotel. -¿Y cuándo ensayan? El repertorio depende de los éxitos del momento... -Somos esclavos de la actualidad. El repertorio lo organizamos a lo largo del invierno. Partimos de la base de que nos dedicamos única y exclusivamente a esto, somos profesionales. En invierno planificamos la temporada de verano, repertorio, escenario, vestuario... ¿Cuál es la faena nuestra? Que empezamos la temporada fuerte en junio, y los temas que van a funcionar en verano aparecen también en junio. A medida que van saliendo, los vamos preparando en las pruebas de sonido. Cada día hay que robarle un rato a sacar el tema ese que se pone de moda. Planificar este tipo de espectáculos es una cosa muy seria, y en Galicia hay un nivel de orquestas increíble, que no lo hay en ningún sitio. -¿Se llevan bien con la competencia? -Es un pique sano. Pero pique de mal rollo no, aunque hay mucha gente empeñada en decir lo contrario. -Entonces... ¿cuál es la mejor formación de Galicia? -¡París de Noia!, qué quieres que te diga, aunque no me gusta ser presuntuoso. -¿Cuántos temas se sabe? -No lo sé, es mi trabajo. En el repertorio hay cincuenta o sesenta canciones. -¿Canta en el coche? -Nunca, no canto ni en la ducha. Sólo cuando estoy en el escenario. -Galicia está llena de niños que nacieron porque una pareja bailó con ustedes, una cosa llevó a la otra... -¡Eso está muy bien, contribuimos a la natalidad! Soy consciente de la cantidad de gente que arrastramos. Hay un grupo que, además, nos sigue allá donde vamos. -Cuidará la voz como herramienta de trabajo, seguro que ni fuma, ni bebe... -Fumo, bebo algo, pero tengo suerte. Las cuerdas vocales son un músculo y lo tengo trabajado. Seguro que tú no podrías hacer lo que yo hago con la voz, pero podrás hacer otras cosas... -Como no sea teclear rápido... -¿Ves? Yo, chateando con un teclado soy un pato. -No han renunciado al apellido de la orquesta. París... ¡de Noia! -Durante una época quisimos ser sólo París, pero fue un problema. La gente decía que había dos orquestas, la París y la París de Noia. Así que nos dejamos de historias. -¿«España cañí» sigue en el repertorio? -Murió hace años. Bueno, no murió, lo matamos. Tenemos tres pasodobles, pero el repertorio se basa en la música de actualidad. -¿Se le ha atragantado algún tema? -[Piensa] Sí, el puñetero rumbatón. -¡Pá mi mulaaaata, pá mi moreeeena...! -Tienes que darle el carácter, ¡La madre que lo parió al rumbatón! -¿Cómo desconecta? -No desconecto, ése es el problema.