El alcalde de Lugo pide al Santísimo ayuda para que ETA deje las armas

GALICIA

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López Orozco dice en la ofrenda del Antiguo Reino que se vive un momento de esperanza Touriño y Villarino encabezaron en la ciudad amurallada la lista de autoridades asistentes

25 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La ofrenda que las capitales de provincia del Antiguo Reino de Galicia -Mondoñedo, Lugo, Ourense, Tui, Santiago, A Coruña y Betanzos- presentan cada año, por sistema rotatorio, ante el Santísimo Sacramento en la capital amurallada no suele quedar al margen de los asuntos destacados de la vida política y social. El alcalde de Lugo, el socialista Xosé López Orozco, no fue una excepción en los actos de este año, en los que actuó como oferente. Durante su intervención, que tuvo lugar ayer durante una misa solemne celebrada en la catedral lucense, el regidor recordó el alto el fuego permanente decretado por ETA hace varios meses para implorar un nuevo deseo: que esa medida de la banda terrorista «se converta nun deixar definitivamente as armas». López Orozco no sólo evocó las ocasiones anteriores, en las que se pidió el final del terrorismo, sino que tuvo palabras de recuerdo para las víctimas y para sus familias, deseó que el terror nunca volviese a ser «o xeito de expresión dunha situación por moi grave e inxusta que sexa esta», y mostró su impresión de las circunstancias actuales: «Neste momento estamos a vivir na esperanza», dijo. Diálogo sin enfrentamiento Orozco dedicó, además, palabras a otros asuntos como el valor de la religión católica en la sociedad -tan necesaria, dijo, como la cultura griega o el derecho romano para entender la Europa Occidental-, al derecho de la Iglesia a divulgar su mensaje «sen que por iso teña que haber enfrontamentos» y a la necesidad de colaborar en el progreso de los países menos desarrollados. Para el alcalde lucense, tan conveniente es abrir las puertas de Occidente a los emigrantes que puedan ser atendidos «con xustiza» como contribuir a un nuevo orden internacional en el que los países occidentales aporten algo más que lo que les sobra. Contestó a su intervención el obispo de Lugo, José Gómez, que se mostró firme defensor de un mundo en el que la violencia, la corrupción, el terrorismo y la guerra dejen paso a la comprensión, el diálogo, la justicia y la paz. Pero también hizo mención a asuntos como el aborto, sin mencionarlo, para pedir respeto a las personas «dende a concepción ata a etapa final» y a la necesidad de separar la «lexítima laicidade» del laicismo destructivo, «hábil para socavar os valores cristiáns». De todos modos, también reconoció fallos «na mesma vida interna da Igrexa», como la dificultad de conectar con los jóvenes. A los actos de ayer asistieron el jefe de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, y la presidenta del Parlamento gallego, Dolores Villarino. Fue la primera vez que ambos acudieron como representantes de ambas instituciones a un acto de hondas raíces en la historia de Galicia, ya que los orígenes de esta iniciativa de las siete antiguas capitales se remontan al siglo XVII.